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PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATOLICA DEL PERU
FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES
ESPECIALIDAD DE SOCIOLOGIA
ETNICIDAD Y MESTIZAJE EN EL PERÚ
SOC – 345
Profesor: Pablo Sandoval López
Semestre: 2008-II
Créditos: Tres
Sumilla y objetivos
Para el sentido común, la etnicidad y el mestizaje se presentan como materialidades tan concretas como inequívocas. Sin embargo, estas entidades son “realidades” que se construyen como tales a partir de procesos de producción cultural que inscriben subjetividades y pertenencias que van en ciertas direcciones y no en otras.
Este curso apunta a introducir a los alumnos en el debate de conceptos y experiencias históricas para abordar la construcción social de la etnicidad y el mestizaje en el Perú y América Latina. Para ello, se discutirán las interrelaciones entre mestizaje y etnicidad, así como los vínculos entre etnicidad y nación, en especial los referidos a los movimientos políticos étnicos en los países andinos. Es decir, se busca discutir interpretaciones e hipótesis que den cuenta de la conformación de procesos de mestizaje y conformación de identidades étnicas en Perú y América Latina (México, Guatemala, Ecuador, Bolivia y Perú). Se prestará atención -de manera comparada- a la historia política y cultural reciente de estos países, el papel que ha jugado la dimensión étnica y la ideología del mestizaje en los discursos estatales así como en la emergencia de nuevos movimientos sociales que han enfrentado las reformas neoliberales y la crisis del sistema de partidos a través de un discurso de re-fundación “étnica” y "nacionalista".
Del mismo modo, se analizarán los procesos de emergencia de discursos de cholificación en el Perú y cómo las categorías de “etnicidad” y “raza” han permeado las prácticas, narrativas y representaciones durante la reproducción del conflicto armado interno que vivió el Perú entre 1980 y 2000.
En suma, el objetivo de este curso es privilegiar la aproximación teórica con la discusión histórica, abordando las implicancias teóricas de las categorías de etnicidad y mestizaje y sus interrelaciones con los contextos sociopolíticos en que se ha desarrollado en Perú y América Latina.
Programa:
I. Introducción: ¿De qué estamos hablando cuándo hablamos de etnicidad?
Aproximación primordial y situacional. Discusión del concepto de etncidad identidad. Nacionalismo y etnicidad.
II. Proyecto de mestizaje y etnicidad en el Perú y la América colonial
Castas, raza y etnicidad en la sociedad colonial.
III. Etnicidad y mestizaje en América Latina: México, Guatemala y Perú (periodo republicano)
Formación de estado nación. Proyectos nacionalistas, narrativas de mestizaje y representaciones del indio en Perú, Guatemala y México.
IV. Ruta cultural del Perú: proceso de cholificación o del mestizaje a la peruana
Proceso de cholificación en el Perú. Migración como “hecho” de modernidad. Nuevos actores y sentidos de pertenencia peruana. Debate sobre lo “andino”. Los retos del laberinto de la choledad.
V. Movimientos étnicos en los países andinos
Emergencia de movimientos sociales de narrativa étnica. Refundación de nación, “populismo” e identidades en los países andinos: Ecuador, Bolivia y Perú.
VI. Etnicidad, ciudadanía y violencia política en el Perú.
Conflicto armado interno, racismo, exclusión, ciudadanía, Estado y Sendero Luminoso.
Modo de evaluación:
La nota final del curso será obtenida en base a:
2 reseñas de textos 20%
Examen parcial 40%
Trabajo final 40%
- La reseña de los 2 textos debe tener una extensión máxima de tres páginas, y debe contener los fundamentos principales del texto así como una aproximación crítica del alumno al mismo.
- El trabajo final se hará exclusivamente en base a uno de los temas desarrollados en el curso; y bajo el asesoramiento del profesor. El trabajo final debe tener una extensión máxima de 15 páginas.
- El examen final busca evaluar los conocimientos trabajados y discutidos en clase.
I. INTRODUCCIÓN: ¿DE QUÉ ESTAMOS HABLANDO CUÁNDO HABLAMOS DE ETNICIDAD?
1 sesión. Aproximación primordial
Lecturas obligatorias:
Geertz, Clifford
1988 “La revolución integradora: sentimientos primordiales y política civil en los nuevos estados” y "Persona, tiempo y conducta en Bali”, en: La interpretación de las culturas, Gedisa, Barcelona. Pp. 219-261, 299-338.
Lecturas complementarias:
Apadurai, Arjun,
1996 “La vida más allá del primordialismo”, en: Arjun Apadurai, La modernidad desbordada. Dimensiones culturales de la globalización, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, pp. 147-166.
Eller, Jack y Reed Coughlan
1993 “The Poverty of Primordialism: the Demystification of Ethnic Attachments”. Ethnic and Racial Studies, 16 (2), pp. 187-201.
Grosby, Steven
1994 “The Veredict of History: the Inexpugneable tie of Primordiality – a Response to Eller and Coughlan”, en: Ethnic and Racial Studies, 17 (2), pp. 164-171.
2 sesión. Aproximación situacional
Lecturas obligatorias:
Barth, Frederik
1976 “Los grupos étnicos y sus fronteras. Introducción” y “Los Pathanes: su identidad y conservación”, en: Barth, Fredrik (comp.), Los grupos étnicos y sus fronteras. La organización social de las diferencias culturales, FCE, México D.F, pp. 9-49, 122-177.
http://www.cholonautas.edu.pe/modulo/upload/Barth%20intr.pdf
http://www.cholonautas.edu.pe/modulo/upload/Barth%20Pathanes.pdf
Lecturas complementarias:
Barth, Frederik
1961 Nomads of South Persia: the Basseri Tribe of the Khamseh Confederacy. Boston: Little, Brown.
1989. “The Analysis of Culture in Complex Societies”, en: Ethnos, 54(3-4):120-142.
1993 Balinese Worlds, The University of Chicago Press.
3 sesión. Debatiendo el concepto de etnicidad e identidad
Lecturas obligatorias:
Brubaker, Rogers
2004 “Ethnicity without Groups” y “Ethnicity as Cognition”, en: Rogers Brubaker, Ethnicity without Groups, Harvard University Press, pp. 7-27, 64-87.
Cooper, Frederik, y Brubaker Rogers
2000 "Beyond 'Identity”, en: Theory and Society, N. 29 (1), pp. 1-47.
Lecturas complementarias:
Banks, Marcus
1996 Ethnicity: Anthropological Constructions, Routledge, Londres.
Baud, Michiel et al
1996 “(Re)construcción de la etnicidad”, “La dimensión étnica de la ´comunidad´” y “Formación de la Nación y etnicidad”, en: Michiel Baud et al, Etnicidad como estrategia en América Latina y el Caribe, Ediciones Abya-Yala, Quito.
Benhabib, Seyla
2002 “Introduction: On the Use and Abuse of Culture”, en: Seyla Benhabib, The Claims of Culture. Equality and Diversity in the Global Era, Princeton University Press,pp.1-23.
Briones, Claudia
1998 La Alteridad del “Cuarto Mundo”: una deconstrucción antropológica de la diferencia, ediciones del Sol, Buenos Aires.
Jenkins, Richard
1997 Rethinking Ethnicity: Arguments and Explorations, SAGE Publications, Londres.
Stone, John
2003 Race and Ethnicity: Comparative and Theoretical Approaches, Blackwell, Nueva York.
4 sesión. Etnicidad y nacionalismo
Lecturas obligatorias:
Anderson, Benedict
1993 Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la. difusión del nacionalismo, Fondo de Cultura Económica, México DF.
Breully, John
1990 “Conclusión”, en: John Breully, Nacionalismo y Estado, Ediciones Pomares-Corredor, Barcelona, pp. 370-403.
Hastings, Adrian
2000 “La nación y el nacionalismo” y “Un examen más atento de la etnicidad”, en: Adrian Hastings, La construcción de las nacionalidades. Etnicidad, religión y nacionalismo, Cambrigde University Press.
Smith, Anthony
2000 “Invención e imaginación”, “Primordialismo y perennialismo” y “Etnosimbolismo”, en: Anthony Smith, Nacionalismo y modernidad, Istmo, Madrid, pp. 215-347.
Lecturas complementarias:
Comaroff, John
1992 "Of Totemism and Ethnicity: Consciousness, Practice, and the Signs of Inequality," en: John y Jean Comaroff, Ethnography and the Historical Imagination, Boulder, CO: Westview Press.
1996 “Ethnicity, Nationalism and the Politics of Difference”, en: P. MacAllister y E. Wilmsen (eds), The Politics of Difference, University of Chicago Press.
Marx, Anthony W.
1996 "Race-Making and the Nation-State", en: World Politics, N. 48, pp.180-208.
2003 Faith in Nation. Exclusionary Origins of Nationalism, Oxford University Press.
Mosse, George
1995 “Racism and Nationalism”, en: Nations and Nationalism, Volume 1 Issue 2, pp. 163-173.
Smith, Anthony
1999 “Ethnic Election and National Destiny”, en: Nations and Nationalism, N. 5, no. 3, pp. 331-355.
2003 “The Glorious Dead”, en: Anthony Smith, Chosen People. Sacred Sources of National Identity, Oxford University Press, pp. 218-288.
Stavenhagen, Rodolfo
2001 La Cuestión étnica, El Colegio de México, México DF.
II. PROYECTO DE MESTIZAJE Y ETNICIDAD EN EL PERÚ Y LA AMÉRICA COLONIAL
5 sesión. ¿Raza, castas o grupos étnicos en la colonia?
Lecturas obligatorias:
Estensoro, Juan Carlos
2000 “Los colores de la plebe: razón y mestizaje en el Perú colonial”, en: Los cuadros de mestizaje del Virrey Amat. La representación etnográfica en el Perú colonial, Museo de Arte de Lima, Lima, pp. 67-107.
Thomson, Sinclair
2007 “¿Hubo raza en Latinoamérica colonial? Percepciones indígenas de la identidad colectiva en los Andes insurgentes”, en: De la Cadena, Marisol (ed.), Formaciones de indianidad. Articulaciones raciales, mestizaje y nación en América Latina, Envión editores, Popayán.
http://www.cholonautas.edu.pe/modulo/upload/Formaciones%20de%20Indianidad%20-%20cap%202.pdf
Lecturas complementarias:
De la Cadena, Marisol
2007 “Introducción”, en: Marisol de la Cadena (ed.), Formaciones de indianidad. Articulaciones raciales, mestizaje y nación en América Latina, Envión editores, Popayán.
Katzew, Ilona
2004 Casta Painting: Images of Race in Eighteenth-century Mexico, Yale University Press.
O'Phelan Godoy, Scarlett
2002 “Ciudadanía y etnicidad en las Cortes de Cádiz”, en: Cristóbal Aljovín y Nils Jacobsen (eds.), Cultura política en los Andes, 1750-1950, IFEA / UNMSM, Lima, pp. 267-289.
Salomon, Frank y Stuart Schwartz
1999 “Peoples and New Kinds of People: Adaptation, Readjustment, and Ethnogenesis
in South American Indigenous Societies (Colonial Era)”, en: Frank Salomon y Stuart Schwartz (eds.), The Cambridge History of the Native Peoples of the Americas, Vol. 3 parte 2: South America, Cambridge University Press, pp. 443-501.
Schwartz, Stuart
1995 “Colonial Identities and the Sociedad de Castas”, en: Colonial Latin American Review, N. 4 (1), pp. 185-201.
III. ETNICIDAD Y MESTIZAJE EN AMÉRICA LATINA: MÉXICO, GUATEMALA Y PERÚ (PERIODO REPUBLICANO)
6 sesión. Indigenismo y mestizaje: visiones panorámicas
Lecturas obligatorias:
Baud, Michiel
2003 Intelectuales y sus utopías. Indigenismo y la imaginación de América Latina, CEDLA, Ámsterdam.
Lectura complementaria:
Favre, Henri
1998 El Indigenismo, Fondo de Cultura Económica, México DF.
7 sesión. Mestizaje y nacionalismo en México:
Lecturas obligatorias:
Dawson, Alexander S.
1998 “From Models for the Nation to Model to Citizens: Indigenismo and the ‘Revindication’ of the Mexican Indian, 1920-1940”, en Journal of Latin American Studies, Vol. 30. Cambridge.
Knight, Alan
1990 "Racism, Revolution, and Indigenismo: Mexico, 1910-1940.", en: Richard. Graham., The Idea of Race in Latin America, 1870-1940, Austin, Texas.
Peña, Guillermo de la
2002 "El futuro del indigenismo en México: del mito del mestizaje a la fragmentación neoliberal", Yamada, Mutsuo y Degregori, Carlos Iván. Orgs., Estados nacionales, etnicidad y democracia en América Latina / (JCAS symposium series, 15, Osaka: National Museum of Ethnology, The Japan center for area studies. JCAS, 2002, pp. 45-64, 61-64.
Lecturas complementarias:
Alonso, Ana María
2004 “Conforming Disconformity: "Mestizaje," Hybridity, and the Aesthetics of Mexican Nationalism”, en: Cultural Anthropology, Volume 19 Issue 4, pp. 459-490.
Escalante, Fernando
s/f La transición al indigenismo del EZLN, mimeo.
http://clas.uchicago.edu/events/briefings/El%20nuevo%20indigenismo%20y%20el%20EZLN.pdf
Knight, Alan
1994 “Popular Culture and the Revolutionary State in Mexico', Hispanic American Historical Review, 74:3.
Palacios, Guillermo
1998 “Postrevolutionary Intellectuals, Rural Readings and the Shaping of the 'Peasant Probem' in Mexico: El Maestro Rural, 1932-1934”, en: Journal of Latin American Studies, vol. 30, n° 2.
Poole, Deborah.
2004 “An Image of "Our Indian": Type Photographs and Racial Sentiments in Oaxaca, 1920-1940”, en: Hispanic American Historical Review - 84:1, Febrero, pp. 37-82.
Vaughan, Mary Kay
2001 “Introducción: la política cultural de la Revolución mexicana”, en: La política cultural en la revolución. Maestros, campesinos y escuelas en México, 1930-1940, Fondo de Cultura Económica, México DF. pp. 13-48.
8 sesión. Racismo y mestizaje en Guatemala:
Lecturas obligatorias:
Adams, Richard y Santiago Bastos
2005 “Un abrazo incómodo: la redefinición de las relaciones étnicas, 1994-2000”, en: Richard Adams, Ensayos sobre evolución y etnicidad en Guatemala, Universidad Autónoma Metropolitana-Izatapalapa, México DF, pp. 253-292.
Grandin, Greg
2000 “Introduction: Searching for the Living among the Dead”, “Regenerating the Race: Race, Class, and the Nationalization of Ethnicity”, y “Conclusions: The Limits of Nation”, en: Greg Grandin, The Blood of Guatemala: A History of race and Nation, Duke University Press, pp. 1-19, 130-335.
Tenorio, Mauricio
2006 “Guatemala y México: del mestizaje a contrapelo”, en: Revista Istor, CIDE, México DF. Año 4, N. 24, pp. 67-94.
http://www.istor.cide.edu/archivos/num_24/dossier4.pdf
Lecturas complementarias:
Adams, Richard
2005 “La población indígena en el estado liberal, 1900-1944”, en: Richard Adams, Ensayos sobre evolución y etnicidad en Guatemala, Universidad Autónoma Metropolitana, Izatapalapa, México DF., pp. 199-252.
Casaus Arzú, Marta E.
2005 "De la incógnita del indio al indio como sombra: el debate de la antropología guatemalteca en torno al indio y la nación, 1921-1938", en: Revista de Indias, Vol. 65, N. 234, pp. 375-404.
2006 "La genealogía del racismo y del discurso racial en las elites de poder en Guatemala (siglos XIX y XX)", en: Cuadernos Americanos, Vol. 3, N. 117, pp. 85-126.
9 sesión. Mestizaje, etnicidad y nación en Perú:
Lecturas obligatorias:
De la Cadena, Marisol
1998 “El Racismo silencioso y la superioridad de los intelectuales en el Perú”, en: Socialismo y Participación, No. 83, setiembre, Lima, pp. 85-109.
2004 “Viejos diálogos en torno a la raza: una introducción al presente” e “Indigenistas liberales frente al Comité Tawantinsuyo: la construcción del indio”, en: Marisol de la Cadena, Indígenas mestizos. Raza y cultura en el Cusco, IEP, Lima, pp. 19-60, 105-151.
Franco, Carlos
1991 “Impresiones del indigenismo”, en: Carlos Franco, Imágenes de la sociedad peruana: la "otra" modernidad, Centro de Estudios para el Desarrollo y la Participación CEDEP, Lima, pp. 57-77.
Manrique, Nelson
1999 “Introducción: algunas reflexiones sobre el colonialismo, el racismo y la cuestión nacional” y “José María Arguedas y la cuestión del mestizaje”, en: La piel y la pluma. Escritos sobre literatura, etnicidad y racismo, SUR / CDIAG, Lima.
Poole, Deborah
1997 “Introducción”, “El rostro de una nación” y “Los nuevos indios”, en: Deborah Poole, Visión, raza y modernidad. Una economía visual del mundo andino en imágenes, SUR / Consejería de proyectos, Lima. Pp. 11-35, 177-242.
Lecturas complementarias:
Kristal, Efraín
1991 Una visión urbana de los Andes. Génesis y desarrollo del indigenismo en el Perú 1848-1930, Instituto de Apoyo Agrario, Lima.
Méndez, Cecilia
1996 Incas sí, Indios no: apuntes para el estudio del nacionalismo criollo en el Perú, Documento de Trabajo N. 56, segunda edición, Instituto de Estudios Peruanos, Lima. http://www.iep.org.pe/textos/DDT/DDT56.pdf
Poole, Deborah
1990 ”Ciencia, Peligrosidad y Represión en la Criminología Indigenista Peruana”, en: Carlos Aguirre y Charles Walker (eds.), Bandoleros, Abigeos y Montoneros: Criminalidad y Violencia en el Perú, Siglos XVIII-XX, Lima: Instituto de Apoyo Agrario, pp. 335-367.
Thurner, Mark
2003 “Los indios y las republicas entre 1830-1880”, en: Juan Maiguashca (ed.), Historia de América Andina, Vol. 5, Creación de las repúblicas y formación de nación, Universidad Andina Simón Bolívar, Quito, pp. 173-209.
2006 “Historizando el predicamento postcolonial andino”, “Comunidades inimaginadas” e “Historias republicanas, legados postcoloniales”, en: Mark Thurner, Republicanos andinos, Instituto de Estudios Peruanos, Centro Bartolomé de las Casas, Lima.
Remy, Maria Isabel
1990 “¿Modernos o tradicionales?” Las ciencias sociales frente a los movimientos campesinos en los últimos años”, en: Héctor Béjar, Fernando Eguren, Orlando Plaza y María Remy, La presencia del cambio: campesinado y desarrollo rural, DESCO, Lima.
1992 “Arguedas y López Albújar: rasgos de un nuevo perfil de la sociedad serrana”, en: Debate Agrario, No. 13, 1992, pp. 121-137. http://www.cepes.org.pe/debate/debate13/07_articulo.pdf
IV. RUTA CULTURAL DEL PERÚ: PROCESO DE CHOLIFICACIÓN O DEL MESTIZAJE A LA PERUANA
10 sesión. ¿De mestizos a cholos?
Lecturas obligatorias:
Elmore, Peter
1993 Los muros invisibles. Lima y la modernidad en la novela del siglo XX, Lima. Mosca Azul editores.
Franco, Carlos
1991 “Exploraciones en otra modernidad: de la migración a la plebe urbana”, en: Imágenes de la sociedad peruana: la “otra” modernidad. Lima, CEDEP, pp. 79-109.
Nugent, José Guillermo
1992 El laberinto de la choledad, Fundación Friedrich Ebert, Lima.
2008 “El laberinto de la choledad, años después…”, en: Quehacer, N. 170, Lima, pp. 86-95.
http://www.desco.org.pe/apc-aa-files/6172746963756c6f735f5f5f5f5f5f5f/qh170gn.doc
Quijano, Aníbal.
1980 “Lo cholo y el conflicto cultural en el Perú”, en: Aníbal Quijano, Dominación y cultura. Lo cholo y el conflicto cultural en el Perú, Mosca Azul, Lima, pp. 47-119.
Lecturas complementarias:
Adrianzen, Alberto
1990 “Estado y sociedad: señores, masas y ciudadanos”, en: Abugattas, Juan y otros, Estado y sociedad. Relaciones peligrosas, DESCO, Lima, pp. 13-42.
Oliart, Patricia
1995 "Poniendo a cada quien en su lugar: estereotipos sexuales y raciales en la Lima del Siglo XIX," en: Aldo Panfichi y Felipe Portocarrero (editores), Mundos Interiores, Universidad del Pacifico, Lima.
López, Sinesio
2000 “Democracia y participación indígena: el caso peruano”, en: Fernando García (coordinador), Las sociedades interculturales: un desafío para el siglo XXI, Flacso-Ecuador, pp. 137-177. http://www.flacso.org.ec/docs/sasocintercul.pdf
V. MOVIMIENTOS ÉTNICOS EN LOS PAÍSES ANDINOS
Lecturas complementarias de de contexto general
Adelman, Jeremy
2006 "Unfinished States: Historical Perspectives on the Andes", Drake, Paul y Eric Hersberg (eds.), State and Society in Conflict: Comparative Perspectives on Andean Crises, University of Pittburgh Press, pp. 1-40.
Albó, Xavier
1999 ”Andean People in the Twentieth Century”, en: The Cambridge History of the Native Peoples of the Americas Vol. 3 part 2: South America, Cambridge University Press, pp. 765-871.
2008 “Atando cabos”, en: Xavier Albó, Movimientos y poder indígena en Bolivia, Ecuador y Perú. PNUD / CIPCA, La Paz.
Larson, Brooke
2004 Trials of Nation Making. Liberalism, Race, and Ethnicity in the Andes, 1810-1910. Cambridge: Cambridge University Press.
Warren Kay y Jean E. Jackson
2002 “Introduction: Studying Indigenous Activism in Latin America”, en: Warren Kay y Jean E. Jackson (eds.), Indigenous Movements, Self-Representation, and the State in Latin America, University of Texas Press, pp. 1-46.
11 sesión. Ecuador:
Lecturas obligatorias:
Albó, Xavier
2008 “Ecuador”, en: Xavier Albó, Movimientos y poder indígena en Bolivia, Ecuador y Perú. PNUD / CIPCA, La Paz.
Guerrero, Andrés
2006 “El proceso de identificación: sentido común ciudadano, ventriloquía y transescritura”, en: Andrés Guerrero (ed.) Etnicidades, FLACSO-Ecuador, Quito, pp. 9-60.
http://www.flacso.org.ec/docs/etnicidades.pdf
Lecturas complementarias:
Becker, Mark
2007 “Comunistas, indigenistas e indígenas en la formación de la Federación Ecuatoriana de Indios y el Instituto Indigenista Ecuatoriano”, en: Iconos. Revista de Ciencias Sociales, N. 27, Quito, enero, pp. 135-144.
2008 “Indigenous Nationalities in Ecuadorian Marxist Thought”, en: A Contracorriente, Vol. 5, No. 2, pp. 1-46.
http://www.ncsu.edu/project/acontracorriente/winter_08/documents/Becker.pdf
Pajuelo, Ramón
2007 “Ecuador: movilización indígena y transformación del escenario político”, en: Reinventando comunidades imaginadas. Movimientos indígenas, nación y procesos sociopolíticos en los países centroandinos, IEP / IFEA, Lima, pp. 35-54.
12 sesión. Bolivia:
Lecturas obligatorias:
Albó, Xavier
2008 “Bolivia”, en: Xavier Albó, Movimientos y poder indígena en Bolivia, Ecuador y Perú. PNUD / CIPCA, La Paz.
Pajuelo, Ramón
2007 “Bolivia: crisis estatal y protagonismo de los movimientos indígenas”, en: Reinventando comunidades imaginadas. Movimientos indígenas, nación y procesos sociopolíticos en los países centroandinos, IEP / IFEA, Lima, pp. 55-93.
Lecturas complementarias:
Dunkerley, James
2006 “Evo Morales, the ‘Two Bolivias’ and the Third Bolivian Revolution”, en: Journal of Latin American Studies, N. 39, pp. 133–166.
Larson, Brooke
2003 “Capturing Indian Bodies, Hearths, and Minds. “El hogar campesino’ and Rural School Reform in Bolivia, 1920s-1940s”, en: Merilee Grindle y P. Domingo, eds., Proclaiming Revolution. Bolivia in Comparative Perspective, Cambridge: Harvard University Press, pp. 183-212.
2005 “Indios redimidos, cholos barbarizados: creando la modernidad neocolonial en la Bolivia liberal, 1900-1910”, en: Nils Jacobsen y Cristobal Aljovín, eds., Cultura política en los andes (1750-1950), Universidad Nacional Mayor de San Marcos, IFEA, Embajada de Francia, Lima, pp. 347-373.
Sanjines, Javier
2005 El espejismo del mestizaje, IFEA / PIEB, Embajada de Francia, La Paz.
Yashar, Deborah
2005 Contesting Citizenship in Latin America. The Rise of Indigenous Movements and the Postliberal Challenge, Cambridge University Press (Parte II, “The Cases” pp. 85-365.).
13 sesión. Perú:
Lecturas obligatorias:
Albó, Xavier
2008 “Perú”, en: Xavier Albó, Movimientos y poder indígena en Bolivia, Ecuador y Perú. PNUD / CIPCA, La Paz.
Degregori, Carlos Iván
1998 “Ethnicity and Democratic Governability in Latin America. Reflections from two Central Andean Countries”, en: Felipe Agüero (editor), Fault Lines of Democracy in Post-Transition Latin America. North South Center Press, Miami.
Drinot, Paulo
2006 "Nation-building, Racism, and Inequality: Institutional Development in Peru in Historical Perspective", en: John Crabtree (ed.), Making Institutions Work in Peru: Democracy, Development, and Inequality Since 1980, Institute for the Study of the Americas, Londres, pp. 5-23.
García, María Elena
2005a “Race, Education and Citizenship: From Indigenismo to Interculturalidad, 1920-1990s”, en: María Elena García, Making Indigenous Citizens. Identities, Education, and Multicultural Development in Peru, Stanford University Press, pp. 63-83.
García, María Elena y José Antonio Lucero
2005b “Explorando un país sin Indígenas: Reflexiones sobre los movimientos indígenas en el Perú”, en: León Zamosc y Fernando Garcés, eds., Movimientos Indígenas y Estado en América Latina, Quito, Ecuador: Abya-Yala.
Lecturas complementarias:
Degregori, Carlos Iván
1991 “El aprendiz de brujo y el curandero chino: etnicidad, modernidad y ciudadanía”, en: Carlos Iván Degregori y Romeo Grompone, Demonios y redentores en el nuevo Perú. Elecciones 1990. Una tragedia en dos vueltas, Instituto de Estudios Peruanos, Lima, pp. 69-142.
1993 “Identidad étnica, movimientos sociales y participación política en el Perú”. en: Alberto Adrianzén et.al. Democracia, etnicidad y violencia política en los países andinos, IEP / IFEA, Lima, pp.113-133.
Pajuelo, Ramón
2007 “Perú: política, etnicidad y organizaciones indígenas”, en: Reinventando comunidades imaginadas. Movimientos indígenas, nación y procesos sociopolíticos en los países centroandinos, IEP / IFEA, Lima, pp. 95-125.
Portocarrero, Gonzalo
2006 “Etnicidad y política: los puentes entre lo ideal y lo real”, en: Crónicas urbanas: análisis y perspectivas urbano regionales, Año 10, no. 11, Cusco.
http://www.guamanpoma.org/cronicas/11/Gonzalo_Portocarrero.pdf
Remy, María Isabel
1994 “The Indigenous Population and the Construction of Democracy in Peru”, en: Donna Lee Van Cott, ed. Indigenous Peoples and Democracy in Latin America, Nueva York, St. Martin’s Press.
Yashar, Deborah
2005 Contesting Citizenship in Latin America. The Rise of Indigenous Movements and the Postliberal Challenge, Cambridge University Press (Parte II, “The Cases” pp. 85-365. Cap. “Peru: Weak National Movements and Sub-national Variation).
Warren Kay y Bourque, Susan
1978 Denial and Reafirmation of Ethnic Identities. A comparative Examinations of Guatemalan and Peruvian Communities. Ocassional Papers Series. Program in Latin American Studies, Univeristy of Massachusset at Amherst.
VI. ETNICIDAD, CIUDADANÍA Y VIOLENCIA POLÍTICA EN EL PERÚ.
14 sesión. Racismo y dimensión étnica en el conflicto armado interno
Lecturas obligatorias:
Comisión de la Verdad y Reconciliación
2003 “Violencia y desigualdad racial y étnica”, en: Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, Vol.VIII, Lima, 119-175.
http://www.cverdad.org.pe/ifinal/pdf/TOMO%20VIII/SEGUNDA%20PARTE/Impacto%20diferenciado%20de%20la%20violencia/2.2.%20DISCRIMINACION%20ETNICA.pdf
Degregori, Carlos Iván
2004 “Desigualdades persistentes y construcción de una país de ciudadanos”, en: Cuestión de Estado, N. 33/34, 2004, pp. 24-31.
De la Cadena, Marisol
2003 “Escribir otra historia del Perú”, en: Cuestión de Estado, N.32.
2006 “Escribir otra historia en el Perú (segunda vuelta)”, en: Idéele, N. 176, IDL, Lima.
Tanaka, Martín
2006 El informe de la CVR y los partidos políticos en el Perú, IEP, Lima.
Wilson, Fiona
2007 “Transcending Race? Schoolteachers and Political Militancy in Andean Peru,
1970–2000”, en: Journal of Latin American Studies, N. 39, pp. 719–746.
Lecturas complementarias:
Drinot, Paulo
2007 “El ojo que llora: las ontologías de la violencia y la opción por la memoria en el Perú”, Hueso Húmero, N. 50, 2007. http://huesohumero.perucultural.org.pe/textos/50/502.doc
Muñoz, Ismael, Maritza Paredes y Rosemary Thorp
2006 Acción colectiva, violencia política y etnicidad en el Perú, Documento de trabajo N. 1, CISEPA, Lima. http://www.pucp.edu.pe/cisepa/docs/acc_colect.pdf
lunes, 22 de septiembre de 2008
jueves, 17 de julio de 2008
Lima, un semestre perdido: enero a junio 2008
Lima, un semestre perdido: enero a junio 2008
Ciudad Nuestra es una organización que tiene como propósito contribuir en la elaboración de una visión compartida para el desarrollo de la metrópoli alentando la mejora permanente de la calidad de vida, el cuidado ambiental y los mecanismos que la conviertan en una ciudad segura, inclusiva, moderna y gobernable.
Para ello alentamos el diálogo abierto y plural que haga posible dotar a Lima de un plan integral de largo plazo que sea respetado por las sucesivas gestiones que la gobiernen.
En enero pasado, con ocasión del aniversario de Lima, ofrecimos una primera evaluación anual de la Gestión Metropolitana que abarcó algunas de las principales competencias del gobierno de la ciudad. Hoy ofrecemos un corte temporal luego de transcurrido un semestre desde entonces y porque consideramos importante dejar constancia de lo ocurrido durante este período.
En el periodo enero a junio del 2008 los procesos sustantivos en curso para la mejora de la calidad de vida sufrieron retrocesos que colocan a la ciudad a mayor distancia de los objetivos deseados.
1) Nos referimos, en primer lugar, a la anulación del concurso público para la concesión de los lotes de buses articulados que atenderán las rutas del Metropolitano y el consecuente retraso general en la implantación del nuevo sistema. El señor Alcalde, luego de una gran presión mediática e interna, desde el Concejo Metropolitano, aceptó explícitamente que la cancelación del concurso obedeció a razones de carácter subjetivo amparadas en las propias bases.
Lo cierto es que, por la complejidad del proceso y por la articulación estrecha entre cada uno de los componentes técnicos del proyecto, tal decisión ha significado un golpe más a un accidentado proceso que ya sumó su sexto equipo gerencial desde que se inició. Ha puesto en tela de juicio la capacidad de conducción y dirección de los equipos que son elegidos, sucesivamente, por el propio alcalde y su entorno. La credibilidad de la Municipalidad Metropolitana de Lima (en adelante MML) frente a los consorcios internacionales postores en dicho concurso y frente al mercado en general ha quedado lesionada.
El desconcierto de los ciudadanos frente a estos tropiezos no ha sido considerado por el alcalde y su entorno. Ya se escuchan las críticas de especialistas y observadores al ver las pistas nuevas abandonadas e invadidas todos los días por los colectivos piratas que usurpan el zanjón sin que la policía ni la municipalidad hagan algo para evitarlo.
Preocupa saber que el proyecto en marcha ha sido reformulado disminuyendo el número de unidades (buses articulados y buses alimentadores) con la inaceptable excusa de que “la postergada racionalización del transporte urbano” no se aplicaría al 100% sino recortada y “de manera progresiva”.
Han transcurrido seis meses desde la culminación de las obras físicas (pistas) en la vía expresa del Paseo de la República y hasta hoy no hay indicios de la construcción de estaciones y paraderos. Con estas señales, ¿creeremos los futuros usuarios en la “eficiencia” publicitada de este nuevo sistema de transporte masivo?
2) Al iniciarse el año el servicio de revisiones técnicas (tercerizadas por contrato definido por la MML y el concesionario ganador) había logrado normalizar las atenciones al público y, una vez atendida con suficiencia la demanda real, había programado un crecimiento del servicio con la apertura de nuevas plantas. Mientras eso sucedía, la ciudad asistió a una disputa abierta entre las partes que desorientó a los usuarios y produjo un creciente rechazo al sistema ordenador. En el mes de febrero la alcaldía, mal asesorada por abogados externos, y bajo el pretexto de defender a los usuarios, declaró la caducidad del contrato de concesión traspasando una frontera que ha puesto en serio riesgo la credibilidad y las finanzas municipales. Como consecuencia de estos hechos, la ciudad padece el envilecimiento del aire y una enorme contaminación sonora además de un conjunto de procesos arbitrales y litigios judiciales de pronóstico reservado.
Pero lo que reviste mayor gravedad es el mensaje final: la Municipalidad Metropolitana asume ante la ciudadanía su incompetencia y su falta de voluntad ordenadora en materia del parque automotor, principal contaminante y responsable de la elevada accidentalidad urbana además de ser el causante de enormes pérdidas económicas por su ineficiencia. Los funcionarios ni se inmutan al aceptar que “será mejor que, de este asunto, se encargue el Ministerio de Transportes y Comunicaciones”.
Hace pocos días, el tribunal arbitral de la Cámara de Comercio de Lima, emitió una resolución, la Nº 7, que no admite interpretaciones frente al servicio público involucrado: “El Concejo de Lima está obligado a la adopción de las medidas necesarias que permitan a la sociedad concesionaria… la reanudación de los servicios de las revisiones técnicas vehiculares y la reapertura de las instalaciones…” Sin embargo, prosiguiendo con su conducta irresponsable y adversa al cuidado ambiental, el vocero legal del Municipio sostuvo que “el Concejo es respetuoso de la decisión del Tribunal Arbitral, pero aún no podemos decir si la acatará (sic)”.
3) El colapso de los colectores ha marcado también este semestre que termina. Cuando desde el gobierno central se habla de agua para todos de inmediato, en las ciudades, conectamos con la idea de desagüe de todos. Y la pregunta de rigor es ¿qué hacemos con estas aguas residuales? El crecimiento de la ciudad y su población ha provocado que este asunto se convierta en un tema insoslayable para la gobernabilidad ambiental urbana.
SEDAPAL, la empresa estatal que administra el agua en la metrópoli, siempre con reflejos tardíos, propuso soluciones temporales mientras retomaba los abandonados proyectos de emisión submarina (para los que se requiere de una planta de tratamiento y grandes inversiones) y el relanzamiento de plantas de filtración y preparación de las aguas para uso agrícola y forestal. Estos proyectos estarían operativos del 2010 en adelante.
Lo que llama poderosamente la atención a cualquier observador medianamente informado fue la total ausencia de la MML para definir una solución temporal durante la crisis y las negociaciones posteriores entre distritos limeños y chalacos. El gobierno de la ciudad, es decir, el Alcalde Metropolitano, dejó desamparado a distritos como San Miguel, cuyo alcalde encabezó la defensa de su distrito para evitar que las aguas negras siguieran emanando por su distrito. Hasta el gobierno regional del Callao estuvo presente en las reuniones defendiendo sus fueros y apoyando a sus distritos. No podemos aceptar, en adelante, un gobierno metropolitano que se coloca de espaldas frente a los retos y dificultades para dotar de agua dulce y saneamiento seguro a sus vecinos. El asiento en el directorio de SEDAPAL aún espera por el señor Castañeda y las limeñas y limeños exigimos que lo ocupe.
4) Seguimos desperdiciando grandes oportunidades al no impulsar los proyectos ambientales en el marco de los mecanismos de desarrollo limpio (MDL) derivados del protocolo de Kyoto. La Municipalidad puede aprovechar los rellenos sanitarios, la reconversión del parque de transporte público o el megaproyecto de bosque verde en los arenales de Piedras Gordas en el distrito de Ancón y otros. Pero parece ser que intereses poco claros confabulados con algunas dependencias municipales estarían tras de un solo proyecto pero con la condición que no haya concurso público.
Consideramos que la falta de transparencia de algunos empresarios y su indisposición frente a la competencia no puede condicionar la conducta del gobierno metropolitano. Lima debe ponerse al día con estos procesos y canalizarlos de manera pública y transparente. Al mismo tiempo, creemos que no puede seguir perdiendo la oportunidad de reforzar sus finanzas a la vez que contribuir decididamente con la mejora ambiental metropolitana.
5) Otro gran proceso cuya solución afectará, sin duda, en un sentido u otro, la vida de la ciudad es la licitación internacional para otorgar la concesión para construir y operar el tren eléctrico. Conocido es que la MML, desde que recibió en transferencia el tren urbano hace algunos años, no pudo lograr más que su mantenimiento. Los estudios no arrojaban rentabilidad mínima y no había cómo inflar la demanda real. Así las cosas, llegado el APRA nuevamente al poder, la MML encarga a PROINVERSION, con ayuda de la PCM, la misión de promover el proyecto y entregarlo en concesión en un plazo de un año.
Vencido este lapso a fines del año 2007, la ciudad ha sido testigo de un sinnúmero de postergaciones (con variación de bases y aumento de exigencias por parte de los postores) sin que se vislumbre aún la finalización del proceso y sin que contemos con un consorcio ganador.
Lo cierto es que las condiciones de mercado no han variado y eso nos obliga a ajustar la proporción de la inversión estatal necesaria para sacarlo adelante: ésta ha pasado de 140 a más de 300 millones de dólares adicionales frente a unos 100 millones que aportaría el inversionista privado. Lo complicado es que todos pagaremos ese costo y que la MML cargará con las desventuras de su imprevisible funcionamiento sobre rieles.
Este proceso, como otros de similar envergadura e impacto en la vida de la ciudad, atraviesa por un territorio frágil, plagado de consideraciones políticas, de imperativos personales y de ambiciones privadas, dejando en segundo plano la importancia de lo técnico que es, en definitiva, lo que garantizará su viabilidad.
6) Finalmente, creemos que es necesario dedicarle unas líneas para hablar sobre el superávit de obras viales. La ciudad es el hábitat de todos y es en función al bienestar colectivo que las intervenciones urbanas deben planificarse. No son aceptables, en absoluto, las excusas que pretenden explicar la congestión, el ruido y la polvareda apoyándose en la decoración para las “cumbres” o en el retraso y posterior desembolso simultáneo de los fondos desde el gobierno central para que todos los distritos “parchen”, a su antojo y no de manera planificada y coordinada, avenidas y calles por donde circularán personas importantes que no viven ni vivirán en Lima. Menos aún si los vecinos y vecinas no tienen como saber qué empresa contratista las ejecuta, cuál es el plazo de término y los costos totales y, por falta de un mecanismo explícito de defensa del vecino, sin poder presentar una queja formal por demoras o dificultades cuando corresponda.
Las autoridades están obligadas a caminar por la ciudad pero ellas siempre transitan en sus cómodos coches con chofer y lunas oscuras. Sólo caminando las calles, intentando sobrevivir en los endemoniados “cruceros” peatonales de las grandes avenidas o tratando de descifrar la irracional y contradictoria práctica de la policía de tránsito que siempre privilegia a los vehículos sobre los peatones y transeúntes o esquivando las endiabladas y temerarias maniobras de combis, colectivos y moto-taxis, podrán aquilatar el sufrimiento de todos los ciudadanos que transitamos por la metrópoli.
Es así que en el semestre que pasó vemos que el Alcalde Metropolitano y sus allegados han continuado ejecutando obras sin concierto ni coordinación y destruyendo la convivencia. A estas alturas, cabría preguntarse si están calificados para gobernar. Una vez más: el sentido primordial del gobierno local es mejorar la calidad de vida de todos los vecinos. Y corresponde al Alcalde Metropolitano evitar que la fiebre de contrataciones acabe generando violencia y desánimo entre nosotros.
Lima, 30 de junio de 2008
Preparado por: Rafael García M., Director Ejecutivo de Ciudad Nuestra
® www.ciudadnuestra.org.
Ciudad Nuestra es una organización que tiene como propósito contribuir en la elaboración de una visión compartida para el desarrollo de la metrópoli alentando la mejora permanente de la calidad de vida, el cuidado ambiental y los mecanismos que la conviertan en una ciudad segura, inclusiva, moderna y gobernable.
Para ello alentamos el diálogo abierto y plural que haga posible dotar a Lima de un plan integral de largo plazo que sea respetado por las sucesivas gestiones que la gobiernen.
En enero pasado, con ocasión del aniversario de Lima, ofrecimos una primera evaluación anual de la Gestión Metropolitana que abarcó algunas de las principales competencias del gobierno de la ciudad. Hoy ofrecemos un corte temporal luego de transcurrido un semestre desde entonces y porque consideramos importante dejar constancia de lo ocurrido durante este período.
En el periodo enero a junio del 2008 los procesos sustantivos en curso para la mejora de la calidad de vida sufrieron retrocesos que colocan a la ciudad a mayor distancia de los objetivos deseados.
1) Nos referimos, en primer lugar, a la anulación del concurso público para la concesión de los lotes de buses articulados que atenderán las rutas del Metropolitano y el consecuente retraso general en la implantación del nuevo sistema. El señor Alcalde, luego de una gran presión mediática e interna, desde el Concejo Metropolitano, aceptó explícitamente que la cancelación del concurso obedeció a razones de carácter subjetivo amparadas en las propias bases.
Lo cierto es que, por la complejidad del proceso y por la articulación estrecha entre cada uno de los componentes técnicos del proyecto, tal decisión ha significado un golpe más a un accidentado proceso que ya sumó su sexto equipo gerencial desde que se inició. Ha puesto en tela de juicio la capacidad de conducción y dirección de los equipos que son elegidos, sucesivamente, por el propio alcalde y su entorno. La credibilidad de la Municipalidad Metropolitana de Lima (en adelante MML) frente a los consorcios internacionales postores en dicho concurso y frente al mercado en general ha quedado lesionada.
El desconcierto de los ciudadanos frente a estos tropiezos no ha sido considerado por el alcalde y su entorno. Ya se escuchan las críticas de especialistas y observadores al ver las pistas nuevas abandonadas e invadidas todos los días por los colectivos piratas que usurpan el zanjón sin que la policía ni la municipalidad hagan algo para evitarlo.
Preocupa saber que el proyecto en marcha ha sido reformulado disminuyendo el número de unidades (buses articulados y buses alimentadores) con la inaceptable excusa de que “la postergada racionalización del transporte urbano” no se aplicaría al 100% sino recortada y “de manera progresiva”.
Han transcurrido seis meses desde la culminación de las obras físicas (pistas) en la vía expresa del Paseo de la República y hasta hoy no hay indicios de la construcción de estaciones y paraderos. Con estas señales, ¿creeremos los futuros usuarios en la “eficiencia” publicitada de este nuevo sistema de transporte masivo?
2) Al iniciarse el año el servicio de revisiones técnicas (tercerizadas por contrato definido por la MML y el concesionario ganador) había logrado normalizar las atenciones al público y, una vez atendida con suficiencia la demanda real, había programado un crecimiento del servicio con la apertura de nuevas plantas. Mientras eso sucedía, la ciudad asistió a una disputa abierta entre las partes que desorientó a los usuarios y produjo un creciente rechazo al sistema ordenador. En el mes de febrero la alcaldía, mal asesorada por abogados externos, y bajo el pretexto de defender a los usuarios, declaró la caducidad del contrato de concesión traspasando una frontera que ha puesto en serio riesgo la credibilidad y las finanzas municipales. Como consecuencia de estos hechos, la ciudad padece el envilecimiento del aire y una enorme contaminación sonora además de un conjunto de procesos arbitrales y litigios judiciales de pronóstico reservado.
Pero lo que reviste mayor gravedad es el mensaje final: la Municipalidad Metropolitana asume ante la ciudadanía su incompetencia y su falta de voluntad ordenadora en materia del parque automotor, principal contaminante y responsable de la elevada accidentalidad urbana además de ser el causante de enormes pérdidas económicas por su ineficiencia. Los funcionarios ni se inmutan al aceptar que “será mejor que, de este asunto, se encargue el Ministerio de Transportes y Comunicaciones”.
Hace pocos días, el tribunal arbitral de la Cámara de Comercio de Lima, emitió una resolución, la Nº 7, que no admite interpretaciones frente al servicio público involucrado: “El Concejo de Lima está obligado a la adopción de las medidas necesarias que permitan a la sociedad concesionaria… la reanudación de los servicios de las revisiones técnicas vehiculares y la reapertura de las instalaciones…” Sin embargo, prosiguiendo con su conducta irresponsable y adversa al cuidado ambiental, el vocero legal del Municipio sostuvo que “el Concejo es respetuoso de la decisión del Tribunal Arbitral, pero aún no podemos decir si la acatará (sic)”.
3) El colapso de los colectores ha marcado también este semestre que termina. Cuando desde el gobierno central se habla de agua para todos de inmediato, en las ciudades, conectamos con la idea de desagüe de todos. Y la pregunta de rigor es ¿qué hacemos con estas aguas residuales? El crecimiento de la ciudad y su población ha provocado que este asunto se convierta en un tema insoslayable para la gobernabilidad ambiental urbana.
SEDAPAL, la empresa estatal que administra el agua en la metrópoli, siempre con reflejos tardíos, propuso soluciones temporales mientras retomaba los abandonados proyectos de emisión submarina (para los que se requiere de una planta de tratamiento y grandes inversiones) y el relanzamiento de plantas de filtración y preparación de las aguas para uso agrícola y forestal. Estos proyectos estarían operativos del 2010 en adelante.
Lo que llama poderosamente la atención a cualquier observador medianamente informado fue la total ausencia de la MML para definir una solución temporal durante la crisis y las negociaciones posteriores entre distritos limeños y chalacos. El gobierno de la ciudad, es decir, el Alcalde Metropolitano, dejó desamparado a distritos como San Miguel, cuyo alcalde encabezó la defensa de su distrito para evitar que las aguas negras siguieran emanando por su distrito. Hasta el gobierno regional del Callao estuvo presente en las reuniones defendiendo sus fueros y apoyando a sus distritos. No podemos aceptar, en adelante, un gobierno metropolitano que se coloca de espaldas frente a los retos y dificultades para dotar de agua dulce y saneamiento seguro a sus vecinos. El asiento en el directorio de SEDAPAL aún espera por el señor Castañeda y las limeñas y limeños exigimos que lo ocupe.
4) Seguimos desperdiciando grandes oportunidades al no impulsar los proyectos ambientales en el marco de los mecanismos de desarrollo limpio (MDL) derivados del protocolo de Kyoto. La Municipalidad puede aprovechar los rellenos sanitarios, la reconversión del parque de transporte público o el megaproyecto de bosque verde en los arenales de Piedras Gordas en el distrito de Ancón y otros. Pero parece ser que intereses poco claros confabulados con algunas dependencias municipales estarían tras de un solo proyecto pero con la condición que no haya concurso público.
Consideramos que la falta de transparencia de algunos empresarios y su indisposición frente a la competencia no puede condicionar la conducta del gobierno metropolitano. Lima debe ponerse al día con estos procesos y canalizarlos de manera pública y transparente. Al mismo tiempo, creemos que no puede seguir perdiendo la oportunidad de reforzar sus finanzas a la vez que contribuir decididamente con la mejora ambiental metropolitana.
5) Otro gran proceso cuya solución afectará, sin duda, en un sentido u otro, la vida de la ciudad es la licitación internacional para otorgar la concesión para construir y operar el tren eléctrico. Conocido es que la MML, desde que recibió en transferencia el tren urbano hace algunos años, no pudo lograr más que su mantenimiento. Los estudios no arrojaban rentabilidad mínima y no había cómo inflar la demanda real. Así las cosas, llegado el APRA nuevamente al poder, la MML encarga a PROINVERSION, con ayuda de la PCM, la misión de promover el proyecto y entregarlo en concesión en un plazo de un año.
Vencido este lapso a fines del año 2007, la ciudad ha sido testigo de un sinnúmero de postergaciones (con variación de bases y aumento de exigencias por parte de los postores) sin que se vislumbre aún la finalización del proceso y sin que contemos con un consorcio ganador.
Lo cierto es que las condiciones de mercado no han variado y eso nos obliga a ajustar la proporción de la inversión estatal necesaria para sacarlo adelante: ésta ha pasado de 140 a más de 300 millones de dólares adicionales frente a unos 100 millones que aportaría el inversionista privado. Lo complicado es que todos pagaremos ese costo y que la MML cargará con las desventuras de su imprevisible funcionamiento sobre rieles.
Este proceso, como otros de similar envergadura e impacto en la vida de la ciudad, atraviesa por un territorio frágil, plagado de consideraciones políticas, de imperativos personales y de ambiciones privadas, dejando en segundo plano la importancia de lo técnico que es, en definitiva, lo que garantizará su viabilidad.
6) Finalmente, creemos que es necesario dedicarle unas líneas para hablar sobre el superávit de obras viales. La ciudad es el hábitat de todos y es en función al bienestar colectivo que las intervenciones urbanas deben planificarse. No son aceptables, en absoluto, las excusas que pretenden explicar la congestión, el ruido y la polvareda apoyándose en la decoración para las “cumbres” o en el retraso y posterior desembolso simultáneo de los fondos desde el gobierno central para que todos los distritos “parchen”, a su antojo y no de manera planificada y coordinada, avenidas y calles por donde circularán personas importantes que no viven ni vivirán en Lima. Menos aún si los vecinos y vecinas no tienen como saber qué empresa contratista las ejecuta, cuál es el plazo de término y los costos totales y, por falta de un mecanismo explícito de defensa del vecino, sin poder presentar una queja formal por demoras o dificultades cuando corresponda.
Las autoridades están obligadas a caminar por la ciudad pero ellas siempre transitan en sus cómodos coches con chofer y lunas oscuras. Sólo caminando las calles, intentando sobrevivir en los endemoniados “cruceros” peatonales de las grandes avenidas o tratando de descifrar la irracional y contradictoria práctica de la policía de tránsito que siempre privilegia a los vehículos sobre los peatones y transeúntes o esquivando las endiabladas y temerarias maniobras de combis, colectivos y moto-taxis, podrán aquilatar el sufrimiento de todos los ciudadanos que transitamos por la metrópoli.
Es así que en el semestre que pasó vemos que el Alcalde Metropolitano y sus allegados han continuado ejecutando obras sin concierto ni coordinación y destruyendo la convivencia. A estas alturas, cabría preguntarse si están calificados para gobernar. Una vez más: el sentido primordial del gobierno local es mejorar la calidad de vida de todos los vecinos. Y corresponde al Alcalde Metropolitano evitar que la fiebre de contrataciones acabe generando violencia y desánimo entre nosotros.
Lima, 30 de junio de 2008
Preparado por: Rafael García M., Director Ejecutivo de Ciudad Nuestra
® www.ciudadnuestra.org.
lunes, 11 de febrero de 2008
Obama y Clinton, por Silva-Herzog y Dresser
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Prosa contra poesía
Jesús Silva-Herzog Márquez
11 Feb. 08 (Diario Reforma)
La sorpresa es la rutina de la democracia. Hace unos meses todo indicaba que la senadora de Nueva York se haría fácilmente de la candidatura del Partido Demócrata para pelear, desde ahí, la Presidencia de Estados Unidos. No solamente contaba con el respaldo en casa del político más talentoso del escenario norteamericano y la red más extensa de relaciones y apoyos dentro de su partido. Ella había construido un incuestionable liderazgo nacional para impugnar el dominio republicano. No había pasado los años en la Casa Blanca horneando galletitas. Ejerció poder y participó en decisiones cruciales durante lo que ella ha bautizado como la "Primera Administración Clinton". Por méritos propios llegó al Senado y desde ahí ha ido esculpiendo un personaje presidencial.
Hillary Clinton caminaba tranquilamente a la postulación. Hoy las cosas se ven muy distintas y sus perspectivas son mucho más oscuras. Un senador novato, sin ancestros encumbrados ni experiencia gubernativa, se prepara para fastidiarle la coronación. A mitad del camino la puntera ha perdido la ventaja y aparece en varias mediciones por debajo del desafiante. Encuestas recientes apuntan un dato crucial: Barack Obama es visto como la mejor carta demócrata para la elección constitucional. Mientras ella aparece prácticamente empatada (o con una ligera ventaja) con el probable adversario republicano, Obama se despega cómodamente del candidato conservador.
La disputa dentro del partido puede verse como el choque de dos talentos, dos estilos contrastantes de liderazgo. Ya he dicho por estas páginas que me resulta poco interesante (aunque quizá no sea irrelevante) la raza o el sexo de los políticos. Se me escapa la tripa de ese discurso de identidad. Lo que veo en la contienda demócrata es una fascinante contraposición de talentos. Empiezo así: reconociendo la extraordinaria madera de Clinton y Obama. Dos políticos de cabeza clara y reflejo ágil; de olfato y con ideas. Pero sólo en su estatura son equiparables. En lo demás representan especies contrarias: dos ideales de liderazgo; dos nociones de política. Por un lado, la profesional que conoce el oficio y el taller de la política; por el otro, el misionero seductor que, sin distraerse en detalles, proyecta una imagen de futuro y maravilla a sus seguidores.
Hillary Clinton conoce y entiende los engranajes del poder. Durante años vio su complejo movimiento desde un mirador de privilegio e intentó (sin mucho éxito, por cierto) manejar sus hilos. Se ha curtido en el pleito, padeciendo y sobreviviendo los ataques más feroces de la política norteamericana. Realista, sabe bien que el camino del poder está repleto de espinas, trampas y traiciones. Conoce los mil y un obstáculos que asaltan cualquier propósito político. Comprende los vericuetos de la gestión administrativa y puede disertar durante horas sobre los detalles más técnicos de sus propuestas. Su cerebro despliega con orden números y anécdotas; opciones internacionales y experiencias históricas. Clinton tiene ideas, esas ideas desembocan en propuestas y éstas esbozan un cuadro de acciones, calendarios, prioridades. Ésa es su plataforma: sé qué hacer desde el primer día. No soy una improvisada. Represento la experiencia.
El problema es que la experiencia parece una virtud fuera de tiempo. La maestría administrativa, la destreza en el manejo de los instrumentos del poder no son particularmente atractivos en un país y, sobre todo, dentro de un partido urgido de cambio. Cuando ese ánimo de renovación se impone en la atmósfera, la inexperiencia resulta un costo que la gente está bien dispuesta a pagar.
Obama no ha dormido en la Casa Blanca. Tampoco ha gobernado un pueblo ni un estado ni ha tenido ninguna responsabilidad administrativa. Tampoco ha dirigido una empresa. En un país en guerra amenazado por la recesión esa novatez parecería un golpe mortal para cualquier aspirante. Sin embargo, el senador de Illinois ha logrado encarnar el cambio del que todos hablan. Todos los candidatos han pronunciado la palabra; sólo Obama le aporta sentido y mística. Frente a Clinton, las propuestas de Obama pueden ser vagas, pero son efectivas. Para ella, la política es una compleja relojería. Para él una proeza colectiva.
Obama ha mostrado que el viejo arte de la retórica no es polvo de la antigüedad, sino un recurso vivo y eficaz. El espectáculo de sus discursos es la constatación de ese poder. Alguien detectó la fuente de su encanto: al verlo ante un auditorio se contempla a un hombre que piensa y que después habla. No es el merolico que repite frases hechas y manoseadas, ni el títere de los asesores de imagen; es una inteligencia que se ejercita en público. Como ha resaltado Andrew Sullivan, uno de sus más lúcidos defensores, Obama representa la superación del antagonismo que ha polarizado a Estados Unidos en las últimas décadas. Será por eso que su convocatoria sale de los confines de un partido y contacta bien con independientes. Lo notable, sin embargo, no es la extensión de su llamado sino la intensidad. Obama ha revivido una llama que parecería muerta bajo el imperio de la mercadotecnia: la pasión política. Ha despertado esa emoción que es sospechosa para los escépticos y ridícula para los cínicos: el entusiasmo.
En un intento por disminuir los encantos retóricos de Obama, la senadora Clinton dijo que mientras él hablaba en poesía ella gobernaría en prosa. Trataba de ridiculizar la oratoria de su contrincante como romanticismo impráctico. Los cambios no se hacen con palabras hermosas, sino con la destreza que sólo da el tiempo y el contacto con el poder. La pregunta del momento es si la pericia de la experta puede vencer la magia del carisma.
Dos modelos
Denise Dresser
11 Feb. 08 (Diario Reforma)
Una mujer. Un africano-americano. Una disyuntiva histórica emblematizada por Hillary Clinton y Barack Obama en su lucha por llegar a la Casa Blanca. Una elección que divide en bandos antagónicos a quienes les preocupa más el género y a quienes les interesa más el cambio. Una carrera donde la experiencia que garantiza ella se enfrenta a la inspiración que ofrece él. Pero más allá de la importancia que tiene en esta contienda el género versus el color de piel, o la falda bien puesta contra la esperanza bien diseminada, hay algo mucho más en juego. Dos modelos de entender a la democracia en Estados Unidos y dos formas distintas de visualizar el liderazgo que necesita. En esta elección Hillary Clinton representa el incrementalismo partidista eficaz y Barack Obama la oportunidad de trascenderlo. Ella promete administrar mejor el gobierno; él ofrece reinventar su función. Fascinante contemplarlos porque cada uno revela -al hablar y al actuar- cómo gobernaría.
Hillary Clinton es probablemente la candidata con el mayor conocimiento sobre las políticas públicas que Estados Unidos ha presenciado en su historia. Y no es una exageración afirmarlo. Basta con escucharla hablar sobre temas tan complejos como la salud pública y la crisis hipotecaria para saber que es así. Tiene un intelecto formidable y una gran capacidad para entender y analizar los detalles de cualquier tema de la agenda pública. Puede pasar horas hablando sobre la imperiosa necesidad de ofrecer cobertura de salud universal, y por qué va a ser necesaria una retirada gradual de Iraq. Sabe cómo funciona la intrincada maquinaria del gobierno y cuáles son las palancas que se deben jalar para que camine con mayor velocidad.
Hillary se ve a sí misma como la persona con la experiencia suficiente para corregir la dirección equívoca que esa maquinaria tomó durante los años de George W. Bush. Una y otra vez manda el mismo mensaje: el liderazgo probado, la confiabilidad asegurada, la experiencia necesaria. Alguien que sabría qué hacer desde el primer día en la Oficina Oval porque lleva 35 años preparándose para llegar allí. Alguien similar a Lyndon Johnson, que conocía como nadie los vericuetos de la negociación legislativa y cómo lograr metas precisas a través de ella. Si ganara, trazaría objetivos claros, concretos, acotados. No pensaría en componer la democracia disfuncional sino en empujar una agenda gradual. No concebiría a la política como el arte de lo deseable sino de lo posible. Según un artículo reciente en la revista The New Yorker, Hillary Clinton contempla a la Presidencia como un puesto para alcanzar metas, no para transformar a la sociedad.
Pero eso es precisamente lo que ofrece el joven articulado, carismático, orejón, que está sacudiendo la política de su país. Difícil clasificarlo porque trasciende las categorías usuales y ha buscado -deliberadamente- escapar de ellas. Difícil no sentirse conmovido al escuchar sus discursos, leer sus libros, analizar el sentido de sus palabras. Palabras que repite sin cesar: Estados Unidos es más que sus divisiones y los partidos que insisten en ahondarlas. Estados Unidos se merece algo mejor que la polarización política que ha vivido desde la elección del 2000. Estados Unidos no es sólo un país de liberales y conservadores, de blancos y africano-americanos, de latinos y quienes los odian. Dice Barack Obama: e pluribus unum, de muchos, uno. El bando común de aquellos capaces de remplazar la política del cinismo por la política de la esperanza. La esperanza transformadora que se anima a creer que otro tipo de gobernabilidad es posible.
Y tan es posible que más de un millón de personas ha contribuido a su campaña, a veces con cantidades infinitesimales pero simbólicas, como la mujer que le entregó un cheque por tres dólares. Quienes no salían a votar ahora forman largas filas para hacerlo. Quienes nunca habían apoyado públicamente a un candidato -el caso de Oprah Winfrey- ahora se suman a la campaña en su favor. Quienes se sintieron alguna vez motivados por John F. Kennedy ven ahora en Barack a la persona capaz de recoger la antorcha que el Presidente asesinado dejó tirada aquella tarde en Texas. Ante la tiranía de la política tradicional, Obama enarbola lo que llama "la audacia de la esperanza". Esperanza nacida del amor improbable entre su madre blanca y su padre africano, como escribe en su autobiografía Dreams from My Father. Alimentada por las oportunidades que le dio el país en el cual creció. Reforzada por el lugar al que ha ascendido hoy un candidato improbable que se describe a sí mismo como "un chico flaco con un nombre raro que cree que América tiene un lugar para él, también".
Obama entonces gobernaría de una forma con pocos precedentes en la historia de Estados Unidos. Quizás sólo sería comparable con algunos presidentes verdaderamente transformadores como lo fueron Andrew Jackson y Theodore Roosevelt, quienes dejaron huellas profundas y marcas que determinaron el destino de la nación. Obama llevaría "the bully pulpit" -el púlpito de la Presidencia- a un nuevo nivel. Ante cualquier atorón legislativo, convocaría a la ciudadanía a presionar a sus representantes para ponerse de acuerdo. Ante la parálisis divisoria, apelaría a la unidad post-partidista. Ante la inacción de la clase política tradicional, recurriría a la movilización de personas que por primera vez sentirían que hay algo en juego. Y todo esto implicaría un cambio profundo en la democracia estadounidense; quizás la volvería más profunda, más densa, más participativa, menos confrontacional. Obama se concibe como el candidato catalizador capaz de sumar en vez de restar; capaz de remontar los pleitos partidistas en vez de resucitarlos; capaz de restaurar la fe en el gobierno y conectarlo de nuevo con la población.
Aristóteles escribió que "debe gobernar quien gobernará mejor" y Estados Unidos podrá escoger entre dos candidatos competentes con modelos contrastantes. Hillary Clinton ofrece ejecución; Barack Obama promete visión. Ella se presenta como una autoridad eficaz; él como un parteaguas necesario. Ella se aboca a elaborar propuestas; él afirma que será necesaria la reconciliación nacional para hacerlas realidad. Ella insiste que entre los demócratas y los republicanos no es posible la paz; él dice que logrará izar la bandera blanca entre bandos irreconciliables. Ella es la candidata del establishment; él ha construido un movimiento que lo trastoca. Al optar entre uno y otro, Estados Unidos también elegirá el tipo de sistema político que quiere ser, al margen de que lo gobierne el primer africano-americano o la primera mujer.
Prosa contra poesía
Jesús Silva-Herzog Márquez
11 Feb. 08 (Diario Reforma)
La sorpresa es la rutina de la democracia. Hace unos meses todo indicaba que la senadora de Nueva York se haría fácilmente de la candidatura del Partido Demócrata para pelear, desde ahí, la Presidencia de Estados Unidos. No solamente contaba con el respaldo en casa del político más talentoso del escenario norteamericano y la red más extensa de relaciones y apoyos dentro de su partido. Ella había construido un incuestionable liderazgo nacional para impugnar el dominio republicano. No había pasado los años en la Casa Blanca horneando galletitas. Ejerció poder y participó en decisiones cruciales durante lo que ella ha bautizado como la "Primera Administración Clinton". Por méritos propios llegó al Senado y desde ahí ha ido esculpiendo un personaje presidencial.
Hillary Clinton caminaba tranquilamente a la postulación. Hoy las cosas se ven muy distintas y sus perspectivas son mucho más oscuras. Un senador novato, sin ancestros encumbrados ni experiencia gubernativa, se prepara para fastidiarle la coronación. A mitad del camino la puntera ha perdido la ventaja y aparece en varias mediciones por debajo del desafiante. Encuestas recientes apuntan un dato crucial: Barack Obama es visto como la mejor carta demócrata para la elección constitucional. Mientras ella aparece prácticamente empatada (o con una ligera ventaja) con el probable adversario republicano, Obama se despega cómodamente del candidato conservador.
La disputa dentro del partido puede verse como el choque de dos talentos, dos estilos contrastantes de liderazgo. Ya he dicho por estas páginas que me resulta poco interesante (aunque quizá no sea irrelevante) la raza o el sexo de los políticos. Se me escapa la tripa de ese discurso de identidad. Lo que veo en la contienda demócrata es una fascinante contraposición de talentos. Empiezo así: reconociendo la extraordinaria madera de Clinton y Obama. Dos políticos de cabeza clara y reflejo ágil; de olfato y con ideas. Pero sólo en su estatura son equiparables. En lo demás representan especies contrarias: dos ideales de liderazgo; dos nociones de política. Por un lado, la profesional que conoce el oficio y el taller de la política; por el otro, el misionero seductor que, sin distraerse en detalles, proyecta una imagen de futuro y maravilla a sus seguidores.
Hillary Clinton conoce y entiende los engranajes del poder. Durante años vio su complejo movimiento desde un mirador de privilegio e intentó (sin mucho éxito, por cierto) manejar sus hilos. Se ha curtido en el pleito, padeciendo y sobreviviendo los ataques más feroces de la política norteamericana. Realista, sabe bien que el camino del poder está repleto de espinas, trampas y traiciones. Conoce los mil y un obstáculos que asaltan cualquier propósito político. Comprende los vericuetos de la gestión administrativa y puede disertar durante horas sobre los detalles más técnicos de sus propuestas. Su cerebro despliega con orden números y anécdotas; opciones internacionales y experiencias históricas. Clinton tiene ideas, esas ideas desembocan en propuestas y éstas esbozan un cuadro de acciones, calendarios, prioridades. Ésa es su plataforma: sé qué hacer desde el primer día. No soy una improvisada. Represento la experiencia.
El problema es que la experiencia parece una virtud fuera de tiempo. La maestría administrativa, la destreza en el manejo de los instrumentos del poder no son particularmente atractivos en un país y, sobre todo, dentro de un partido urgido de cambio. Cuando ese ánimo de renovación se impone en la atmósfera, la inexperiencia resulta un costo que la gente está bien dispuesta a pagar.
Obama no ha dormido en la Casa Blanca. Tampoco ha gobernado un pueblo ni un estado ni ha tenido ninguna responsabilidad administrativa. Tampoco ha dirigido una empresa. En un país en guerra amenazado por la recesión esa novatez parecería un golpe mortal para cualquier aspirante. Sin embargo, el senador de Illinois ha logrado encarnar el cambio del que todos hablan. Todos los candidatos han pronunciado la palabra; sólo Obama le aporta sentido y mística. Frente a Clinton, las propuestas de Obama pueden ser vagas, pero son efectivas. Para ella, la política es una compleja relojería. Para él una proeza colectiva.
Obama ha mostrado que el viejo arte de la retórica no es polvo de la antigüedad, sino un recurso vivo y eficaz. El espectáculo de sus discursos es la constatación de ese poder. Alguien detectó la fuente de su encanto: al verlo ante un auditorio se contempla a un hombre que piensa y que después habla. No es el merolico que repite frases hechas y manoseadas, ni el títere de los asesores de imagen; es una inteligencia que se ejercita en público. Como ha resaltado Andrew Sullivan, uno de sus más lúcidos defensores, Obama representa la superación del antagonismo que ha polarizado a Estados Unidos en las últimas décadas. Será por eso que su convocatoria sale de los confines de un partido y contacta bien con independientes. Lo notable, sin embargo, no es la extensión de su llamado sino la intensidad. Obama ha revivido una llama que parecería muerta bajo el imperio de la mercadotecnia: la pasión política. Ha despertado esa emoción que es sospechosa para los escépticos y ridícula para los cínicos: el entusiasmo.
En un intento por disminuir los encantos retóricos de Obama, la senadora Clinton dijo que mientras él hablaba en poesía ella gobernaría en prosa. Trataba de ridiculizar la oratoria de su contrincante como romanticismo impráctico. Los cambios no se hacen con palabras hermosas, sino con la destreza que sólo da el tiempo y el contacto con el poder. La pregunta del momento es si la pericia de la experta puede vencer la magia del carisma.
Dos modelos
Denise Dresser
11 Feb. 08 (Diario Reforma)
Una mujer. Un africano-americano. Una disyuntiva histórica emblematizada por Hillary Clinton y Barack Obama en su lucha por llegar a la Casa Blanca. Una elección que divide en bandos antagónicos a quienes les preocupa más el género y a quienes les interesa más el cambio. Una carrera donde la experiencia que garantiza ella se enfrenta a la inspiración que ofrece él. Pero más allá de la importancia que tiene en esta contienda el género versus el color de piel, o la falda bien puesta contra la esperanza bien diseminada, hay algo mucho más en juego. Dos modelos de entender a la democracia en Estados Unidos y dos formas distintas de visualizar el liderazgo que necesita. En esta elección Hillary Clinton representa el incrementalismo partidista eficaz y Barack Obama la oportunidad de trascenderlo. Ella promete administrar mejor el gobierno; él ofrece reinventar su función. Fascinante contemplarlos porque cada uno revela -al hablar y al actuar- cómo gobernaría.
Hillary Clinton es probablemente la candidata con el mayor conocimiento sobre las políticas públicas que Estados Unidos ha presenciado en su historia. Y no es una exageración afirmarlo. Basta con escucharla hablar sobre temas tan complejos como la salud pública y la crisis hipotecaria para saber que es así. Tiene un intelecto formidable y una gran capacidad para entender y analizar los detalles de cualquier tema de la agenda pública. Puede pasar horas hablando sobre la imperiosa necesidad de ofrecer cobertura de salud universal, y por qué va a ser necesaria una retirada gradual de Iraq. Sabe cómo funciona la intrincada maquinaria del gobierno y cuáles son las palancas que se deben jalar para que camine con mayor velocidad.
Hillary se ve a sí misma como la persona con la experiencia suficiente para corregir la dirección equívoca que esa maquinaria tomó durante los años de George W. Bush. Una y otra vez manda el mismo mensaje: el liderazgo probado, la confiabilidad asegurada, la experiencia necesaria. Alguien que sabría qué hacer desde el primer día en la Oficina Oval porque lleva 35 años preparándose para llegar allí. Alguien similar a Lyndon Johnson, que conocía como nadie los vericuetos de la negociación legislativa y cómo lograr metas precisas a través de ella. Si ganara, trazaría objetivos claros, concretos, acotados. No pensaría en componer la democracia disfuncional sino en empujar una agenda gradual. No concebiría a la política como el arte de lo deseable sino de lo posible. Según un artículo reciente en la revista The New Yorker, Hillary Clinton contempla a la Presidencia como un puesto para alcanzar metas, no para transformar a la sociedad.
Pero eso es precisamente lo que ofrece el joven articulado, carismático, orejón, que está sacudiendo la política de su país. Difícil clasificarlo porque trasciende las categorías usuales y ha buscado -deliberadamente- escapar de ellas. Difícil no sentirse conmovido al escuchar sus discursos, leer sus libros, analizar el sentido de sus palabras. Palabras que repite sin cesar: Estados Unidos es más que sus divisiones y los partidos que insisten en ahondarlas. Estados Unidos se merece algo mejor que la polarización política que ha vivido desde la elección del 2000. Estados Unidos no es sólo un país de liberales y conservadores, de blancos y africano-americanos, de latinos y quienes los odian. Dice Barack Obama: e pluribus unum, de muchos, uno. El bando común de aquellos capaces de remplazar la política del cinismo por la política de la esperanza. La esperanza transformadora que se anima a creer que otro tipo de gobernabilidad es posible.
Y tan es posible que más de un millón de personas ha contribuido a su campaña, a veces con cantidades infinitesimales pero simbólicas, como la mujer que le entregó un cheque por tres dólares. Quienes no salían a votar ahora forman largas filas para hacerlo. Quienes nunca habían apoyado públicamente a un candidato -el caso de Oprah Winfrey- ahora se suman a la campaña en su favor. Quienes se sintieron alguna vez motivados por John F. Kennedy ven ahora en Barack a la persona capaz de recoger la antorcha que el Presidente asesinado dejó tirada aquella tarde en Texas. Ante la tiranía de la política tradicional, Obama enarbola lo que llama "la audacia de la esperanza". Esperanza nacida del amor improbable entre su madre blanca y su padre africano, como escribe en su autobiografía Dreams from My Father. Alimentada por las oportunidades que le dio el país en el cual creció. Reforzada por el lugar al que ha ascendido hoy un candidato improbable que se describe a sí mismo como "un chico flaco con un nombre raro que cree que América tiene un lugar para él, también".
Obama entonces gobernaría de una forma con pocos precedentes en la historia de Estados Unidos. Quizás sólo sería comparable con algunos presidentes verdaderamente transformadores como lo fueron Andrew Jackson y Theodore Roosevelt, quienes dejaron huellas profundas y marcas que determinaron el destino de la nación. Obama llevaría "the bully pulpit" -el púlpito de la Presidencia- a un nuevo nivel. Ante cualquier atorón legislativo, convocaría a la ciudadanía a presionar a sus representantes para ponerse de acuerdo. Ante la parálisis divisoria, apelaría a la unidad post-partidista. Ante la inacción de la clase política tradicional, recurriría a la movilización de personas que por primera vez sentirían que hay algo en juego. Y todo esto implicaría un cambio profundo en la democracia estadounidense; quizás la volvería más profunda, más densa, más participativa, menos confrontacional. Obama se concibe como el candidato catalizador capaz de sumar en vez de restar; capaz de remontar los pleitos partidistas en vez de resucitarlos; capaz de restaurar la fe en el gobierno y conectarlo de nuevo con la población.
Aristóteles escribió que "debe gobernar quien gobernará mejor" y Estados Unidos podrá escoger entre dos candidatos competentes con modelos contrastantes. Hillary Clinton ofrece ejecución; Barack Obama promete visión. Ella se presenta como una autoridad eficaz; él como un parteaguas necesario. Ella se aboca a elaborar propuestas; él afirma que será necesaria la reconciliación nacional para hacerlas realidad. Ella insiste que entre los demócratas y los republicanos no es posible la paz; él dice que logrará izar la bandera blanca entre bandos irreconciliables. Ella es la candidata del establishment; él ha construido un movimiento que lo trastoca. Al optar entre uno y otro, Estados Unidos también elegirá el tipo de sistema político que quiere ser, al margen de que lo gobierne el primer africano-americano o la primera mujer.
viernes, 18 de enero de 2008
Evaluación de la Gestión Metropolitana de Lima el 2007
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Con ocasión del 473 aniversario nuestra ciudad y coincidiendo con el primer año del segundo período de gestión del alcalde Luis Castañeda, Ciudad Nuestra ha preparado un documento de evaluación de la gestión metropolitana que deseamos compartir con ustedes. Nos anima el deseo de reflexionar sobre Lima , sus problemas y desafíos e ir construyendo, juntos, el proyecto de ciudad que incluya a todos y que despierte nuestro cariño hacia ella.
Cordialmente,
RAFAEL GARCIA MELGAR
Director Ejecutivo
CIUDAD NUESTRA
t. (511)2436377
Evaluación de la Gestión Metropolitana de Lima el 2007
Con ocasión del Aniversario de Lima, que se celebra el próximo viernes 18 de enero, la Asociación Civil Ciudad Nuestra se dirige a los hombres y mujeres de Lima para compartir nuestra evaluación sobre la gestión de la ciudad durante el año 2007. Queremos contribuir así a un diálogo público sobre los avances y retrocesos en dar solución a los grandes problemas de Lima.
Ciudad Nuestra es una organización de la sociedad civil que quiere contribuir a desarrollar una visión compartida sobre los desafíos que tenemos para mejorar la calidad de vida en Lima y hacer de ella, nuestra ciudad, una ciudad bella y moderna, cómoda, segura y ordenada, y llena de oportunidades para todos. Una ciudad, nuestra ciudad, en la que todos nos sintamos responsables de su bienestar y de su futuro.
1) En transporte público
Reordenamiento del tránsito y racionalización de rutas:
Aunque la construcción de la infraestructura del Metropolitano se ha iniciado, lo que es muy positivo, aun sigue pendiente: a) la racionalización de las 519 rutas de transporte público, que se deberán reducir a por lo menos la mitad, y ser concesionadas por un plazo no menor de 10 años, para permitir la renovación de la flota vehicular; b) la ofrecida continuación del tren eléctrico, proyecto del que se desconoce la demanda actualizada; c) el plan integral de transformación del transporte público.
Institucionalidad:
Continuamos sin una autoridad de transporte integrada, lo que provoca conflictos de competencia, desorden y falta de autoridad en la definición y aplicación de políticas. También alienta la intromisión del Gobierno Central, como ha ocurrido con Mi Taxi y la fórmula de chatarreo y renovación de vehículos particulares, iniciativas nacionales loables, pero descoordinadas de las políticas metropolitanas y, por tanto, eventualmente contraproducentes. Preocupa la constante rotación de funcionarios en la Gerencia de Transporte Urbano (GTU) y en PROTRANSPORTE. En la primera estamos en el séptimo Gerente y en la segunda en el sexto Directorio. Lo grave es que son los responsables de dirigir y reformar el transporte público. Persisten sistemas empresariales informales que redundan en un servicio de mala calidad. La mayoría de empresas son solo “afiliadoras”.
Metropolitano:
Se iniciaron las obras de construcción del Corredor Segregado Norte-Sur y de la Estación Central, las que continuarán durante el 2008. El servicio se iniciará en junio de 2009. El Metropolitano debería ser la base del nuevo sistema de transporte público que Lima necesita. Para ello debe de ir acompañado de la racionalización de las actuales rutas y de una reestructuración empresarial, entre otras.
Cultura Ciudadana:
En materia de circulación vial es imprescindible un cambio cultural significativo. Éste requiere un plan de largo plazo para mejorar la movilidad urbana, un liderazgo claro y sostenido y la continuidad de políticas, así como campañas públicas de educación ciudadana. No debemos desaprovechar la inauguración del Metropolitano para iniciar ese cambio.
Lo pendiente:
La creación de una autoridad única de transporte metropolitano.
La publicación del mapa de rutas de transporte público racionalizadas.
Los programas de renovación y chatarreo de la flota de transporte público y de eliminación progresiva de combis y colectivos.
Los programas piloto de rutas racionalizadas y de empresas reestructuradas.
2) En seguridad y convivencia ciudadana
Institucionalidad:
Siguen sin funcionar los Concejos Regional y Provincial de Seguridad Ciudadana y seguimos sin un Plan Metropolitano de Seguridad Ciudadana, ni un adecuado mecanismo de cooperación entre la Policía Nacional y los gobiernos regional y municipales de Lima. No obstante, las reuniones entre el Ministro del Interior y los Alcaldes Distritales han sido positivas y deben mantenerse. Está pendiente, para el caso del Cercado, la reestructuración del servicio de Serenazgo, integrándolo con la Policía Municipal.
Victimización:
Los niveles de riesgo siguen elevados, al igual que la percepción de inseguridad, aunque algunas encuestas dan cuenta de una caída en las tasas de victimización. Esto es preciso confirmarlo con otras encuestas. El Municipio Metropolitano debería realizar mediciones regulares de la situación de seguridad en Lima para evaluar el impacto de las políticas.
Policía Nacional:
La Policía, liderada en Lima por el Gral. Octavio Salazar, tuvo una meritoria actuación marcada por la impecable recuperación del Mercado de Santa Anita y un gran protagonismo operativo. Loable sus iniciativas de identificar problemas de la ciudad y poner la información y análisis en manos de las autoridades municipales. Los ejemplos más destacados son el informe sobre Accidentes de Tránsito y la situación de seguridad en Mesa Redonda y otros mercados populares. La iniciativa más importante fue el inicio de la distritalización policial, unificando el mando bajo la autoridad del Jefe Distrital. Aunque con problemas de implementación, la decisión debe profundizarse, para que los alcaldes tengan un solo interlocutor a nivel distrital y que ese rinda cuenta por el trabajo policial. El ejemplo de distritalización debería ser emulado por el Ministerio Público y el Poder Judicial. Sigue siendo urgente fortalecer las comisarías de la ciudad, equiparlas, informatizarlas e integrarlas.
3) En asuntos ambientales
Institucionalidad:
Constituyen avances importantes la aprobación del Sistema Metropolitano de Gestión Ambiental y del “Plan por una Lima y un Callao Verdes”. En ambos casos, hasta ahora, el proceso de implementación es pobre. La Subgerencia metropolitana encargada de temas ambientales carece de fondos para campañas mínimas de control, medición de contaminación o fiscalización. Paradójicamente, su presupuesto, ya franciscano, se reducirá el 2008 en 50%. Mientras el Gobierno Central crea un Ministerio del Ambiente, la MML se comporta contradictoriamente: por un lado, se dota de dos instrumentos fundamentales de gestión ambiental; por el otro, socava su capacidad institucional para implementarlos.
Contaminación del Aire:
Cerca del 70% de unidades de transporte público operan con Diesel 2, refinado en el país, que contiene más de 5000 ppm de azufre.[1] La prohibición para su uso, que entraba en efecto el 2007, fue prorrogada por el Gobierno Central hasta el 2010. Este plazo no puede volver a ser prorrogado. La restitución de las revisiones técnicas después de casi veinte años constituyó un avance estratégico. No obstante, podría ser poco duradero, por los cuestionamientos del propio alcalde a la empresa concesionaria. Es necesario superar los problemas que se presenten en su implementación, pero por ningún motivo debemos quedarnos sin revisiones técnicas.
Residuos Sólidos y Contaminación Sonora:
La cuenta está en rojo: los proyectos de ordenanza para regular estos temas e iniciar un cambio en la conducta ciudadana están “en revisión”, pues las firmas consultoras encargadas de formular propuestas no tuvieron buen desempeño. No hay convicción sobre la necesidad de inducir cambios en el comportamiento ciudadano para comenzar a resolver los problemas.
Cuencas del Rímac, Chillón y Lurín:
Continúa su deterioro, sin variaciones sustantivas. Seguimos soslayando el problema que representará para la ciudad el abastecimiento de agua en los próximos años.
Contaminación del mar:
Es positiva para Lima la implementación del Proyecto Mesías, pero tanto el Colector Norte (Taboada) como el Sur (La Chira) siguen contaminando las aguas del Océano Pacífico. Estos caudales podrían tratarse y ser rehusados para mantener a Lima verde. SEDAPAL debe corregir esta situación, que demanda una inversión millonaria pero indispensable.
Prevención de Desastres:
Lima sigue mal preparada para un desastre natural. De haber ocurrido en Lima el terremoto que asoló Pisco habríamos vivido una catástrofe. Seguimos sin un mapa de riesgos y sin un adecuado programa para la construcción de muros de contención en los asentamientos humanos.
Lo pendiente:
Comenzar a entender lo ambiental como un asunto transversal a ser tomado en cuenta en todas las intervenciones urbanas.
Constituir inmediatamente la Comisión Ambiental Metropolitana y desarrollar el Sistema Metropolitano de Residuos Sólidos.
Publicar el Atlas Ambiental de Lima.
Hacer el Inventario de Áreas Verdes. Desarrollar el mapa de riesgos de la ciudad.
Promover proyectos de desarrollo limpio.
Lograr la incorporación de Lima al Directorio de SEDAPAL.
Aprobar el proyecto para construir muros de contención en los asentamientos humanos.
Diseñar y construir una red de ciclorutas seguras para alentar el transporte regular no motorizado, más allá de los fines recreativos.
4) En espacio público y fomento al esparcimiento
Piletas del Parque de la Reserva:
Punto a favor es el atractivo que genera en el público masivo y popular el renovado Parque de la Reserva. Durante el segundo semestre del 2007, despertó el interés de muchas familias que disfrutan de la visita y añaden al tradicional paseo por el Parque, el disfrute de luces, colores y formas hídricas. En lo negativo, se destruyó parte del patrimonio monumental con que contaba el Parque.
Fiestas Populares:
Positivas son las fiestas o festejos monumentales que se realizan con ocasión del Aniversario de Lima y la Semana de la Canción Criolla. En ellas participan multitudes y la ciudad se convierte en punto de encuentro y espacio de gozo colectivo circunstancial. A contramano está la lógica de rentabilizar parques y espacios públicos lotizándolos para instalar ferias bulliciosas y variopintas[2] que se transforman en permanentes y que, en el extremo, representan una manera de apropiarse privadamente del espacio público.
Ausencia de Política Cultural:
Sigue haciendo falta una estrategia cultural metropolitana, que, entre otros, ponga en valor la riqueza monumental-arquitectónica de Lima, fomente el desarrollo de expresiones culturales y artísticas contemporáneas y contribuya a desplegar la oferta museográfica de la ciudad. La construcción del Museo de Arte Contemporáneo sigue detenida, al igual que la reconstrucción del Teatro Municipal.
Lo pendiente:
Un plan metropolitano para la renovación del espacio público y la riqueza monumental, sin que ello implique inversiones descomunales, con circuitos que incentiven la conquista de Lima por las limeñas y limeños.
Desarrollar un proyecto para la puesta en valor del potencial museográfico de Lima.
5) En uso del suelo y desarrollo urbano
Uso de Suelo:
Durante el 2007 se aprobaron ordenanzas de zonificación de los usos del suelo de todos los distritos, incluyendo balnearios[3]. El propósito fue estandarizar nomenclatura y criterios y reglas uniformes para uso del suelo en todo el ámbito metropolitano, lo que es sin duda positivo. No obstante, la ciudad, en especial sus áreas consolidadas de mayor antigüedad, no cuenta con un plan que mientras alienta el desarrollo inmobiliario mantiene su belleza arquitectónica y preserva áreas de tratamiento especial.
Centro Histórico:
Se avanzó en reparación de pistas y construcción de veredas, lo que es muy positivo. También fue positiva la concesión del Centro Cívico a una empresa inmobiliaria para la construcción de un gran centro comercial. En renovación no se avanzó: el 17% de los inmuebles siguen desocupados y representan un millón y medio de metros cuadrados desocupados, que equivale a la superficie de San Isidro.
El Cercado:
Ha continuado su progresivo deterioro.
Lo pendiente:
Adoptar un plan para la puesta en valor del Centro Histórico, con el activo concurso del sector privado.
Desarrollar una estrategia articulada con todos los distritos para contener y erradicar la práctica de invasiones como mecanismo válido para acceder al suelo y a la vivienda.
Campaña para recuperar pistas y veredas para el uso para el cuál fueron diseñadas: uso público sin limitaciones. No al uso privado de las calles.
6) En finanzas e inversiones públicas
Finanzas:
Las finanzas municipales lucen ordenadas y la cartera pesada reducida al máximo. La recaudación total superior a S/. 900 millones superó con creces la proyección inicial de un poco más de S/. 700 millones. Buena gestión del SAT en la gestión de cobranza, aunque tiende a inmiscuirse en ámbitos que no son su competencia, como la gestión del transporte urbano o la señalización vial. Sigue haciendo falta un sistema idóneo e imparcial para la tramitación de reclamos contra sus decisiones. Se ha fortalecido la capacidad de endeudamiento de la MML aunque se han consumido las opciones de crédito de corto y mediano plazo. La gestión presupuestal transcurre sin sobresaltos, pero con un gran déficit en las funciones centrales de servicios a la ciudad.
Inversiones Públicas:
Gracias al incremento de los recursos municipales, la ciudad vive un boom de inversiones, sobre todo en infraestructura vial. El 2007 se iniciaron las obras del Metropolitano y los intercambios viales en Habich, Universitaria con Colonial y Venezuela y el puente Santa María entre San Martín de Porres y el Cercado, entre otras.
Lo pendiente:
Actualizar el plan de inversiones metropolitanas que data de por lo menos veinte años, y que incluya las necesidades de la Región Metropolitana, en base al diseño de ciudad que queremos, lo que requiere de un proceso público y abierto.
Establecer una estrategia de financiamiento de dichas inversiones, que no ponga en riesgo el futuro de las finanzas metropolitanas, y que incluya el necesario respaldo del Gobierno Nacional y el Congreso de la República.
Debatir e implementar un sistema de recuperación de la plusvalía urbana generada por las inversiones metropolitanas.
Destrabar el ordenamiento interno para lograr el desarrollo de proyectos MDL (Mecanismo de Desarrollo Limpio – protocolo de Kyoto) y desarrollar un liderazgo en la materia.
7) Los Megaproyectos
Tren Eléctrico:
A principios del 2007 se encargó el proyecto a PROINVERSION, quien designará al postor ganador en febrero de 2008. Ya se han invertido US$ 300 millones. Se requiere una inversión adicional de similar magnitud. El compromiso de inversión pública adicional es de US$ 180, además de la que hará la concesionaria, que exige un número seguro de 300,000 pasajeros diarios. Según diversos especialistas la obra es costosa y en las actuales circunstancias no es rentable, por falta de densidad urbana; además, su funcionamiento requiere de subsidio público. El estudio actualizado de demanda de viajes origen – destino debe hacerse público. Con los recursos que se inviertan en el tren se podría ampliar la red del Metropolitano para que llegue al Callao, Ate Vitarte y San Juan de Lurigancho. El diálogo entre el Gobierno Central y el MML permitiría determinar cuál es la mejor inversión para la ciudad y sus habitantes.
Costa Verde:
Se avanzó en desarrollar un Plan Maestro, de carácter integral, con la participación de todos los distritos ribereños, pero lamentablemente sin el Callao. El proyecto aún está en debate y, por su enorme importancia para la ciudad, éste debe ser intenso, técnico y con la mayor participación posible.
La Atarjea y Proyecto Mesías:
Ampliación de la capacidad de procesamiento de agua potable de La Atarjea y puesta en marcha del Proyecto Mesías (Pampas de San Bartolo). Ambas son buenas noticias y la responsabilidad es de SEDAPAL, en cuyo directorio Lima aun no tiene presencia. Debería estar.
Piedras Gordas:
Cordón verde y desarrollo habitacional en el eje Piedras Gordas – Ancón: primeras definiciones y reserva normativa. El asunto es responsabilidad del Ministerio de Vivienda y PROINVERSION.
8) En buen gobierno
Plan de Desarrollo Metropolitano:
Lima sigue sin un Plan de Desarrollo Metropolitano y Regional. La profusión de obras físicas, sobre todo viales, no forma parte de un diseño estratégico de largo plazo; se insertan más dentro de un plan de obras que de un plan o proyecto de ciudad. Pareciera que tal o cual obra se decide ejecutarla más en función de prioridades políticas del alcalde y de disponibilidad financiera que del cumplimiento ordenado de un plan metropolitano de inversiones[4].
Políticas Metropolitanas:
Se aprobó la creación del Sistema Metropolitano de Gestión Ambiental, lo que constituye un paso muy importante. En otros ámbitos, como el transporte público o la seguridad ciudadana, existe poco interés por construir una “política” metropolitana. Los Alcaldes Distritales siguen sin ser convocados.
Concejo Metropolitano:
El Alcalde no participa en sus sesiones, salvo al momento de pasar lista. El acceso de los Regidores a la información pública relevante es restringido. No hay debate y discusión de los temas sustantivos de agenda; tampoco de las prioridades de la gestión metropolitana.
Gobierno Regional de Lima:
La Alcaldía Metropolitana sigue sin asumir la Presidencia de la Región Lima y las responsabilidades que de ella se derivan.
Transparencia:
Poca transparencia y subestimación del interés ciudadano por la información completa y oportuna. La página web del Municipio Metropolitano no está debidamente actualizada, incluyendo la información presupuestal, ni es presentada de manera amigable. La discusión presupuestal en el Concejo Metropolitano es limitada y se lleva a cabo sin la información necesaria. Sobre las obras metropolitanas, necesitamos saber cuánto se estimó que costarían y cuánto costaron y cómo se financiaron. También sería útil conocer los ingresos por peajes, por alquiler de espacios públicos y por entradas a ver las piletas, entre otros.
Participación ciudadana:
Se cumple con las formalidades pero no se promueven mecanismos participativos abiertos y permanentes.
Rendición de cuentas:
No hay política de rendición de cuentas.
Simplificación administrativa:
Se cumple con la norma del silencio administrativo positivo y se han simplificado trámites. Sin embargo, el TUPA 2008 aún no ha sido revisado integralmente bajo el tamiz de estos nuevos preceptos. Tampoco se ha avanzado en desarrollar una base de datos única de contribuyentes.
Lima, 14 de enero de 2008
[1] Muy por encima del mínimo permisible establecido por la Organización Mundial de la Salud.
[2] Los más claros ejemplos son la zona de parqueo del Gran Parque de Lima, la Alameda Chabuca Granda y otros espacios restaurados en gestiones anteriores.
[3] Quedó pendiente, a pedido de las autoridades y vecinos, la zona del valle bajo del distrito de Pachacámac, hasta que se formule una propuesta concertada dentro de los próximos 30 días.
[4] El denominado PLANMET data de 1986-1987 y fue aprobado en 1990 para un período de 20 años. No cabe duda que necesita, por lo menos, una exhaustiva revisión y actualización.
Con ocasión del 473 aniversario nuestra ciudad y coincidiendo con el primer año del segundo período de gestión del alcalde Luis Castañeda, Ciudad Nuestra ha preparado un documento de evaluación de la gestión metropolitana que deseamos compartir con ustedes. Nos anima el deseo de reflexionar sobre Lima , sus problemas y desafíos e ir construyendo, juntos, el proyecto de ciudad que incluya a todos y que despierte nuestro cariño hacia ella.
Cordialmente,
RAFAEL GARCIA MELGAR
Director Ejecutivo
CIUDAD NUESTRA
t. (511)2436377
Evaluación de la Gestión Metropolitana de Lima el 2007
Con ocasión del Aniversario de Lima, que se celebra el próximo viernes 18 de enero, la Asociación Civil Ciudad Nuestra se dirige a los hombres y mujeres de Lima para compartir nuestra evaluación sobre la gestión de la ciudad durante el año 2007. Queremos contribuir así a un diálogo público sobre los avances y retrocesos en dar solución a los grandes problemas de Lima.
Ciudad Nuestra es una organización de la sociedad civil que quiere contribuir a desarrollar una visión compartida sobre los desafíos que tenemos para mejorar la calidad de vida en Lima y hacer de ella, nuestra ciudad, una ciudad bella y moderna, cómoda, segura y ordenada, y llena de oportunidades para todos. Una ciudad, nuestra ciudad, en la que todos nos sintamos responsables de su bienestar y de su futuro.
1) En transporte público
Reordenamiento del tránsito y racionalización de rutas:
Aunque la construcción de la infraestructura del Metropolitano se ha iniciado, lo que es muy positivo, aun sigue pendiente: a) la racionalización de las 519 rutas de transporte público, que se deberán reducir a por lo menos la mitad, y ser concesionadas por un plazo no menor de 10 años, para permitir la renovación de la flota vehicular; b) la ofrecida continuación del tren eléctrico, proyecto del que se desconoce la demanda actualizada; c) el plan integral de transformación del transporte público.
Institucionalidad:
Continuamos sin una autoridad de transporte integrada, lo que provoca conflictos de competencia, desorden y falta de autoridad en la definición y aplicación de políticas. También alienta la intromisión del Gobierno Central, como ha ocurrido con Mi Taxi y la fórmula de chatarreo y renovación de vehículos particulares, iniciativas nacionales loables, pero descoordinadas de las políticas metropolitanas y, por tanto, eventualmente contraproducentes. Preocupa la constante rotación de funcionarios en la Gerencia de Transporte Urbano (GTU) y en PROTRANSPORTE. En la primera estamos en el séptimo Gerente y en la segunda en el sexto Directorio. Lo grave es que son los responsables de dirigir y reformar el transporte público. Persisten sistemas empresariales informales que redundan en un servicio de mala calidad. La mayoría de empresas son solo “afiliadoras”.
Metropolitano:
Se iniciaron las obras de construcción del Corredor Segregado Norte-Sur y de la Estación Central, las que continuarán durante el 2008. El servicio se iniciará en junio de 2009. El Metropolitano debería ser la base del nuevo sistema de transporte público que Lima necesita. Para ello debe de ir acompañado de la racionalización de las actuales rutas y de una reestructuración empresarial, entre otras.
Cultura Ciudadana:
En materia de circulación vial es imprescindible un cambio cultural significativo. Éste requiere un plan de largo plazo para mejorar la movilidad urbana, un liderazgo claro y sostenido y la continuidad de políticas, así como campañas públicas de educación ciudadana. No debemos desaprovechar la inauguración del Metropolitano para iniciar ese cambio.
Lo pendiente:
La creación de una autoridad única de transporte metropolitano.
La publicación del mapa de rutas de transporte público racionalizadas.
Los programas de renovación y chatarreo de la flota de transporte público y de eliminación progresiva de combis y colectivos.
Los programas piloto de rutas racionalizadas y de empresas reestructuradas.
2) En seguridad y convivencia ciudadana
Institucionalidad:
Siguen sin funcionar los Concejos Regional y Provincial de Seguridad Ciudadana y seguimos sin un Plan Metropolitano de Seguridad Ciudadana, ni un adecuado mecanismo de cooperación entre la Policía Nacional y los gobiernos regional y municipales de Lima. No obstante, las reuniones entre el Ministro del Interior y los Alcaldes Distritales han sido positivas y deben mantenerse. Está pendiente, para el caso del Cercado, la reestructuración del servicio de Serenazgo, integrándolo con la Policía Municipal.
Victimización:
Los niveles de riesgo siguen elevados, al igual que la percepción de inseguridad, aunque algunas encuestas dan cuenta de una caída en las tasas de victimización. Esto es preciso confirmarlo con otras encuestas. El Municipio Metropolitano debería realizar mediciones regulares de la situación de seguridad en Lima para evaluar el impacto de las políticas.
Policía Nacional:
La Policía, liderada en Lima por el Gral. Octavio Salazar, tuvo una meritoria actuación marcada por la impecable recuperación del Mercado de Santa Anita y un gran protagonismo operativo. Loable sus iniciativas de identificar problemas de la ciudad y poner la información y análisis en manos de las autoridades municipales. Los ejemplos más destacados son el informe sobre Accidentes de Tránsito y la situación de seguridad en Mesa Redonda y otros mercados populares. La iniciativa más importante fue el inicio de la distritalización policial, unificando el mando bajo la autoridad del Jefe Distrital. Aunque con problemas de implementación, la decisión debe profundizarse, para que los alcaldes tengan un solo interlocutor a nivel distrital y que ese rinda cuenta por el trabajo policial. El ejemplo de distritalización debería ser emulado por el Ministerio Público y el Poder Judicial. Sigue siendo urgente fortalecer las comisarías de la ciudad, equiparlas, informatizarlas e integrarlas.
3) En asuntos ambientales
Institucionalidad:
Constituyen avances importantes la aprobación del Sistema Metropolitano de Gestión Ambiental y del “Plan por una Lima y un Callao Verdes”. En ambos casos, hasta ahora, el proceso de implementación es pobre. La Subgerencia metropolitana encargada de temas ambientales carece de fondos para campañas mínimas de control, medición de contaminación o fiscalización. Paradójicamente, su presupuesto, ya franciscano, se reducirá el 2008 en 50%. Mientras el Gobierno Central crea un Ministerio del Ambiente, la MML se comporta contradictoriamente: por un lado, se dota de dos instrumentos fundamentales de gestión ambiental; por el otro, socava su capacidad institucional para implementarlos.
Contaminación del Aire:
Cerca del 70% de unidades de transporte público operan con Diesel 2, refinado en el país, que contiene más de 5000 ppm de azufre.[1] La prohibición para su uso, que entraba en efecto el 2007, fue prorrogada por el Gobierno Central hasta el 2010. Este plazo no puede volver a ser prorrogado. La restitución de las revisiones técnicas después de casi veinte años constituyó un avance estratégico. No obstante, podría ser poco duradero, por los cuestionamientos del propio alcalde a la empresa concesionaria. Es necesario superar los problemas que se presenten en su implementación, pero por ningún motivo debemos quedarnos sin revisiones técnicas.
Residuos Sólidos y Contaminación Sonora:
La cuenta está en rojo: los proyectos de ordenanza para regular estos temas e iniciar un cambio en la conducta ciudadana están “en revisión”, pues las firmas consultoras encargadas de formular propuestas no tuvieron buen desempeño. No hay convicción sobre la necesidad de inducir cambios en el comportamiento ciudadano para comenzar a resolver los problemas.
Cuencas del Rímac, Chillón y Lurín:
Continúa su deterioro, sin variaciones sustantivas. Seguimos soslayando el problema que representará para la ciudad el abastecimiento de agua en los próximos años.
Contaminación del mar:
Es positiva para Lima la implementación del Proyecto Mesías, pero tanto el Colector Norte (Taboada) como el Sur (La Chira) siguen contaminando las aguas del Océano Pacífico. Estos caudales podrían tratarse y ser rehusados para mantener a Lima verde. SEDAPAL debe corregir esta situación, que demanda una inversión millonaria pero indispensable.
Prevención de Desastres:
Lima sigue mal preparada para un desastre natural. De haber ocurrido en Lima el terremoto que asoló Pisco habríamos vivido una catástrofe. Seguimos sin un mapa de riesgos y sin un adecuado programa para la construcción de muros de contención en los asentamientos humanos.
Lo pendiente:
Comenzar a entender lo ambiental como un asunto transversal a ser tomado en cuenta en todas las intervenciones urbanas.
Constituir inmediatamente la Comisión Ambiental Metropolitana y desarrollar el Sistema Metropolitano de Residuos Sólidos.
Publicar el Atlas Ambiental de Lima.
Hacer el Inventario de Áreas Verdes. Desarrollar el mapa de riesgos de la ciudad.
Promover proyectos de desarrollo limpio.
Lograr la incorporación de Lima al Directorio de SEDAPAL.
Aprobar el proyecto para construir muros de contención en los asentamientos humanos.
Diseñar y construir una red de ciclorutas seguras para alentar el transporte regular no motorizado, más allá de los fines recreativos.
4) En espacio público y fomento al esparcimiento
Piletas del Parque de la Reserva:
Punto a favor es el atractivo que genera en el público masivo y popular el renovado Parque de la Reserva. Durante el segundo semestre del 2007, despertó el interés de muchas familias que disfrutan de la visita y añaden al tradicional paseo por el Parque, el disfrute de luces, colores y formas hídricas. En lo negativo, se destruyó parte del patrimonio monumental con que contaba el Parque.
Fiestas Populares:
Positivas son las fiestas o festejos monumentales que se realizan con ocasión del Aniversario de Lima y la Semana de la Canción Criolla. En ellas participan multitudes y la ciudad se convierte en punto de encuentro y espacio de gozo colectivo circunstancial. A contramano está la lógica de rentabilizar parques y espacios públicos lotizándolos para instalar ferias bulliciosas y variopintas[2] que se transforman en permanentes y que, en el extremo, representan una manera de apropiarse privadamente del espacio público.
Ausencia de Política Cultural:
Sigue haciendo falta una estrategia cultural metropolitana, que, entre otros, ponga en valor la riqueza monumental-arquitectónica de Lima, fomente el desarrollo de expresiones culturales y artísticas contemporáneas y contribuya a desplegar la oferta museográfica de la ciudad. La construcción del Museo de Arte Contemporáneo sigue detenida, al igual que la reconstrucción del Teatro Municipal.
Lo pendiente:
Un plan metropolitano para la renovación del espacio público y la riqueza monumental, sin que ello implique inversiones descomunales, con circuitos que incentiven la conquista de Lima por las limeñas y limeños.
Desarrollar un proyecto para la puesta en valor del potencial museográfico de Lima.
5) En uso del suelo y desarrollo urbano
Uso de Suelo:
Durante el 2007 se aprobaron ordenanzas de zonificación de los usos del suelo de todos los distritos, incluyendo balnearios[3]. El propósito fue estandarizar nomenclatura y criterios y reglas uniformes para uso del suelo en todo el ámbito metropolitano, lo que es sin duda positivo. No obstante, la ciudad, en especial sus áreas consolidadas de mayor antigüedad, no cuenta con un plan que mientras alienta el desarrollo inmobiliario mantiene su belleza arquitectónica y preserva áreas de tratamiento especial.
Centro Histórico:
Se avanzó en reparación de pistas y construcción de veredas, lo que es muy positivo. También fue positiva la concesión del Centro Cívico a una empresa inmobiliaria para la construcción de un gran centro comercial. En renovación no se avanzó: el 17% de los inmuebles siguen desocupados y representan un millón y medio de metros cuadrados desocupados, que equivale a la superficie de San Isidro.
El Cercado:
Ha continuado su progresivo deterioro.
Lo pendiente:
Adoptar un plan para la puesta en valor del Centro Histórico, con el activo concurso del sector privado.
Desarrollar una estrategia articulada con todos los distritos para contener y erradicar la práctica de invasiones como mecanismo válido para acceder al suelo y a la vivienda.
Campaña para recuperar pistas y veredas para el uso para el cuál fueron diseñadas: uso público sin limitaciones. No al uso privado de las calles.
6) En finanzas e inversiones públicas
Finanzas:
Las finanzas municipales lucen ordenadas y la cartera pesada reducida al máximo. La recaudación total superior a S/. 900 millones superó con creces la proyección inicial de un poco más de S/. 700 millones. Buena gestión del SAT en la gestión de cobranza, aunque tiende a inmiscuirse en ámbitos que no son su competencia, como la gestión del transporte urbano o la señalización vial. Sigue haciendo falta un sistema idóneo e imparcial para la tramitación de reclamos contra sus decisiones. Se ha fortalecido la capacidad de endeudamiento de la MML aunque se han consumido las opciones de crédito de corto y mediano plazo. La gestión presupuestal transcurre sin sobresaltos, pero con un gran déficit en las funciones centrales de servicios a la ciudad.
Inversiones Públicas:
Gracias al incremento de los recursos municipales, la ciudad vive un boom de inversiones, sobre todo en infraestructura vial. El 2007 se iniciaron las obras del Metropolitano y los intercambios viales en Habich, Universitaria con Colonial y Venezuela y el puente Santa María entre San Martín de Porres y el Cercado, entre otras.
Lo pendiente:
Actualizar el plan de inversiones metropolitanas que data de por lo menos veinte años, y que incluya las necesidades de la Región Metropolitana, en base al diseño de ciudad que queremos, lo que requiere de un proceso público y abierto.
Establecer una estrategia de financiamiento de dichas inversiones, que no ponga en riesgo el futuro de las finanzas metropolitanas, y que incluya el necesario respaldo del Gobierno Nacional y el Congreso de la República.
Debatir e implementar un sistema de recuperación de la plusvalía urbana generada por las inversiones metropolitanas.
Destrabar el ordenamiento interno para lograr el desarrollo de proyectos MDL (Mecanismo de Desarrollo Limpio – protocolo de Kyoto) y desarrollar un liderazgo en la materia.
7) Los Megaproyectos
Tren Eléctrico:
A principios del 2007 se encargó el proyecto a PROINVERSION, quien designará al postor ganador en febrero de 2008. Ya se han invertido US$ 300 millones. Se requiere una inversión adicional de similar magnitud. El compromiso de inversión pública adicional es de US$ 180, además de la que hará la concesionaria, que exige un número seguro de 300,000 pasajeros diarios. Según diversos especialistas la obra es costosa y en las actuales circunstancias no es rentable, por falta de densidad urbana; además, su funcionamiento requiere de subsidio público. El estudio actualizado de demanda de viajes origen – destino debe hacerse público. Con los recursos que se inviertan en el tren se podría ampliar la red del Metropolitano para que llegue al Callao, Ate Vitarte y San Juan de Lurigancho. El diálogo entre el Gobierno Central y el MML permitiría determinar cuál es la mejor inversión para la ciudad y sus habitantes.
Costa Verde:
Se avanzó en desarrollar un Plan Maestro, de carácter integral, con la participación de todos los distritos ribereños, pero lamentablemente sin el Callao. El proyecto aún está en debate y, por su enorme importancia para la ciudad, éste debe ser intenso, técnico y con la mayor participación posible.
La Atarjea y Proyecto Mesías:
Ampliación de la capacidad de procesamiento de agua potable de La Atarjea y puesta en marcha del Proyecto Mesías (Pampas de San Bartolo). Ambas son buenas noticias y la responsabilidad es de SEDAPAL, en cuyo directorio Lima aun no tiene presencia. Debería estar.
Piedras Gordas:
Cordón verde y desarrollo habitacional en el eje Piedras Gordas – Ancón: primeras definiciones y reserva normativa. El asunto es responsabilidad del Ministerio de Vivienda y PROINVERSION.
8) En buen gobierno
Plan de Desarrollo Metropolitano:
Lima sigue sin un Plan de Desarrollo Metropolitano y Regional. La profusión de obras físicas, sobre todo viales, no forma parte de un diseño estratégico de largo plazo; se insertan más dentro de un plan de obras que de un plan o proyecto de ciudad. Pareciera que tal o cual obra se decide ejecutarla más en función de prioridades políticas del alcalde y de disponibilidad financiera que del cumplimiento ordenado de un plan metropolitano de inversiones[4].
Políticas Metropolitanas:
Se aprobó la creación del Sistema Metropolitano de Gestión Ambiental, lo que constituye un paso muy importante. En otros ámbitos, como el transporte público o la seguridad ciudadana, existe poco interés por construir una “política” metropolitana. Los Alcaldes Distritales siguen sin ser convocados.
Concejo Metropolitano:
El Alcalde no participa en sus sesiones, salvo al momento de pasar lista. El acceso de los Regidores a la información pública relevante es restringido. No hay debate y discusión de los temas sustantivos de agenda; tampoco de las prioridades de la gestión metropolitana.
Gobierno Regional de Lima:
La Alcaldía Metropolitana sigue sin asumir la Presidencia de la Región Lima y las responsabilidades que de ella se derivan.
Transparencia:
Poca transparencia y subestimación del interés ciudadano por la información completa y oportuna. La página web del Municipio Metropolitano no está debidamente actualizada, incluyendo la información presupuestal, ni es presentada de manera amigable. La discusión presupuestal en el Concejo Metropolitano es limitada y se lleva a cabo sin la información necesaria. Sobre las obras metropolitanas, necesitamos saber cuánto se estimó que costarían y cuánto costaron y cómo se financiaron. También sería útil conocer los ingresos por peajes, por alquiler de espacios públicos y por entradas a ver las piletas, entre otros.
Participación ciudadana:
Se cumple con las formalidades pero no se promueven mecanismos participativos abiertos y permanentes.
Rendición de cuentas:
No hay política de rendición de cuentas.
Simplificación administrativa:
Se cumple con la norma del silencio administrativo positivo y se han simplificado trámites. Sin embargo, el TUPA 2008 aún no ha sido revisado integralmente bajo el tamiz de estos nuevos preceptos. Tampoco se ha avanzado en desarrollar una base de datos única de contribuyentes.
Lima, 14 de enero de 2008
[1] Muy por encima del mínimo permisible establecido por la Organización Mundial de la Salud.
[2] Los más claros ejemplos son la zona de parqueo del Gran Parque de Lima, la Alameda Chabuca Granda y otros espacios restaurados en gestiones anteriores.
[3] Quedó pendiente, a pedido de las autoridades y vecinos, la zona del valle bajo del distrito de Pachacámac, hasta que se formule una propuesta concertada dentro de los próximos 30 días.
[4] El denominado PLANMET data de 1986-1987 y fue aprobado en 1990 para un período de 20 años. No cabe duda que necesita, por lo menos, una exhaustiva revisión y actualización.
domingo, 23 de diciembre de 2007
Barrantes: vicios privados, vicios públicos
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El 5 de diciembre pasado se realizó un homenaje a Alfonso Barrantes en la Casona de San Marcos, al conmemorarse el séptimo aniversario de su fallecimiento (ocurrido el 2 de diciembre de 2000). No tuve tiempo para hacer un comentario al respecto, lo hago ahora, más vale tarde que nunca.
Es evidente que Barrantes es la figura política más importante de la izquierda durante la década de los años ochenta, la década “de oro” de la izquierda peruana, cuando se convirtió en la segunda fuerza política del país. Este logro hubiera sido imposible sin él; la política en general, y la nuestra en particular, es muy personalista. Barrantes logró cambiarle la cara a la izquierda peruana de la década de los setenta, marcada hasta entonces por el estilo de líderes como Hugo Blanco, Genaro Ledesma o Jorge del Prado. La izquierda aparecía rabiosa, sin propuesta, agitadora, violenta, marxista-leninista, dogmática, atea, insurreccional. Barrantes apareció y sacó de cuadro a todos; tenía un estilo de tranquilo y cortés profesor provinciano, era católico, tenía chispa, sentido del humor, una gran capacidad de comunicación, hablaba sencillo, sin grandes rollos ideológicos, se presentaba como un hombre amable, accesible. Este personaje se convirtió en el gran referente político de la izquierda para la gente común (el “tío frejolito”), de allí su arrastre electoral y popularidad. Barrantes amplió la convocatoria de la izquierda más allá de sus bases organizadas tradicionales, llegó a otros sectores populares y a sectores medios. También fue una persona honesta y modesta, cuestión importante que se debe resaltar. Muchos recuerdan al final de sus días a Barrantes haciendo su cola en el seguro social. No se enriqueció haciendo política.
Para mí lo más importante, visto retrospectivamente, es que desde inicios de la década de los años ochenta Barrantes tuvo el acierto y el coraje de marcar una línea clara de deslinde con Sendero Luminoso (cuando el conjunto de la izquierda era tremendamente ambigua), y de proponer el diálogo con otras fuerzas y el acuerdo nacional para enfrentar los problemas y como medio de “acumulación de fuerzas” para la izquierda, en vez de una lógica de pura agitación y confrontación.
Yo tenía 15 años cuando Barrantes se convirtió en presidente de IU en 1980, y su figura fue decisiva para que desarrollara una identidad de izquierda, a pesar de que todo mi entorno familiar fuera contrario a ese camino. Tenía 18 cuando ganó la alcaldía, y estaba en el primer año de estudios universitarios. Al entrar a la facultad de ciencias sociales, en 1985, una de las primeras cosas que hice fue enrolarme como practicante en la Oficina de Participación Vecinal de la Municipalidad de Lima, en el proyecto especial Huaycán, con el que la facultad tenía algún tipo de convenio, a través de Isabel Yepes. Recuerdo que también estaba involucrado el Centro Ideas, a través de Marina Irigoyen.
En Huaycán los practicantes éramos pinches típicos, mi chamba era básicamente pegar afiches y publicitar las distintas campañas del municipio (de salud, básicamente), y ser mensajero de convocatorias de reuniones y comunicaciones entre la oficina de participación vecinal y los dirigentes de las distintas zonas. Nada muy emocionante, aparentemente, pero en realidad sí lo era para quienes lo hacíamos (especialmente para mí y mi pata Ricardo Caro), y hoy lo recuerdo como una experiencia fundamental en mi formación. En Huaycán trabajábamos con la arquitecta Silvia de los Ríos, quien hoy trabaja en CIDAP, y con Linda Zilbert, a quien le he perdido la pista.
Huaycán era un proyecto urbano diseñado por el arquitecto Eduardo Figari, con un planteamiento que buscaba promover la organización popular y la vida comunitaria: las puertas de las casas estaban dentro de las manzanas, como en quintas, y no daban a la calle; se privilegiaban los espacios comunitarios, antes que los de propietarios individuales. Ideas quiméricas: la gente no quería eso, y construyó al final a su modo, como puede verse hoy. Figari era militante de VR, si no me acuerdo mal... sí, Figari, quien años después diseñó Larcomar y hoy está en FORSUR con Favre, vueltas que da la vida. Como todos saben, Huaycán era también “zona roja”: más de una vez nos cruzamos con gente del MRTA y de SL volanteando por ahí, alguna vez vimos la figura de la hoz y el martillo ardiendo en los cerros por la noche. Pudimos conocer a muchos esforzados dirigentes populares de varios partidos, pudimos admirar la chamba de la gente para convertir un terreno lleno de rocas y arena en una ciudad, pudimos ver cómo se hacía política en una zona altamente conflictiva, asistiendo a asambleas y conversando con todo tipo de gente, zona que ya empezaba también a militarizarse (nos tocaron también batidas y regresos a Lima apurados antes del toque de queda). Sobre todo esto ver el informe de la CVR:
http://www.cverdad.org.pe/ifinal/pdf/TOMO%20V/SECCION%20TERCERA-Los%20Escenarios%20de%20la%20violencia%20(continuacion)/2.%20HISTORIAS%20REPRESENTATIVAS%20DE%20LA%20VIOLENCIA/2.13%20LA%20VIOLENCIA%20EN%20HUAYCAN.pdf
Bueno, pero yo estaba hablando sobre Barrantes. En Huaycán descubrí algo que mucha gente dentro de la izquierda sabe: Barrantes era un estorbo dentro de la municipalidad. Era una excelente cara pública, gracias a él se ganó la elección, pero era terrible dentro. En Huaycán y en Participación Vecinal descubrí, para mi sorpresa, que Barrantes frecuentemente boicoteaba actividades y programas del municipio por pura mezquindad política. Barrantes solía decir que él no iba a trabajar para Patria Roja o para el PUM o para cualquier otro grupo que "se aprovechaba de él", entonces saboteaba actividades de unas oficinas o el trabajo en algunos barrios, para no “beneficiar” a partidos que tenían “presencia” en esas zonas. En Huaycán me consta que no quiso estar en algunas inauguraciones de obras porque esas eran zonas “de Patria Roja”. Muchas personas que trabajaron en la Municipalidad saben que la gestión funcionó gracias al equipo encabezado por el Teniente Alcalde, Henry Pease, y a pesar de Barrantes. Las cosas funcionaban bien cuando Barrantes estaba de viaje (ocasión bastante frecuente, por lo demás), y se trababan cuando regresaba.
Así que mi experiencia en Huaycán me hizo rápidamente antibarrantista. Estos defectos de Barrantes se hicieron patentes también en las campañas de 1985 y por la reelección de 1986. Barrantes dejaba plantada a la gente en los mítines, no subía al estrado si es que en él había gente que no le caía, suspendía actividades de campaña para asistir a recepciones y cocteles... en otras palabras, Barrantes era un tipo mezquino, paranoico, frívolo, que le encantaba frecuentar actividades sociales oficiales, y que privilegiaba ello a la asistencia a mitines y encuentros populares. De esto mucha gente dentro de la izquierda ha comentado, solo que pocos lo han puesto por escrito. Por eso recomiendo leer Izquierda Unida y el Partido Comunista, de Guillermo Herrera (Lima, Termil, 2002, 823 p.), donde encontrarán muchas anécdotas al respecto y un interesante análisis de los problemas de la izquierda.
Por ejemplo, Herrera cita a Angel Delgado:
"... Yo estaba en la comisión de campaña [1986] y recuerdo cuando Barrantes no iba a los mítines, especialmente a las zonas populares, y tenía que ir yo a veces con Pease. La gente, incluso, al no ver a Barrantes nos silbaba. Había una desazón profunda y no era una sino varias veces; el momento más crítico fue en el mitin de cierre de campaña, al que amenazó con no ir. Nosotros habíamos programado un rol de oradores pero Alfonso exigió hablar solo, y en su discurso arrancó diciendo que él no le debía nada a nadie y que sólo sentía un compromiso con su pueblo. Más tarde responsabilizaría de la derrota a los partidos, acusándolos de haberlo dejado solo, de haberlo abandonado...
[el desapego de Alfonso con la campaña, que dejaba de ir a reuniones, mítines, y no se preparaba para las polémicas] el caso extremo ocurrió cuando vino la cantante Paloma San Basilio y Barrantes se la pasó días de días atendiéndola, dejando de lado los compromisos electorales" (p. 324-325).
"Me acuerdo una anécdota famosa que me contaba [Mario] Zolezzi, también regidor de Lima): una vez por falta de cupo en un vuelo o algo así, tuvieron que quedarse en Arequipa, y se suscita el siguiente diálogo:
- Entonces, ¿qué hacemos, Dr. Zolezzi? Dice Barrantes.
- Iremos al hotel, le responde Zolezzi.
- No, le dice Alfonso, voy a llamar a Alan.
Según la versión que recibí, Barrantes cogió un teléfono y llamó a palacio, pidiéndole a Alan García que le envíe un avión; cuenta Zolezzi que el presidente García les ofreció enviar el avión presidencial y que Barrantes le comentaba entre risueño e irónico: ése es el poder" (p. 326).
La paranoia de Barrantes respecto a compañeros que le serruchaban el piso era hábilmente alentada por Alan García. Al respecto ver por ejemplo de Jeff Daeschner, The War of the End of Democracy: Mario Vargas Llosa vs. Alberto Fujimori. Lima, Peru Reporting, 1993; y de Gregory Schmidt, “Fujimori's 1990 Upset Victory in Peru: Electoral Rules, Contingencies, and Adaptive Strategies” en: Comparative Politics, vol. 28, No. 3, Apr., 1996, p. 321-354.
Los problemas que generaba el tipo de conducción de Barrantes se expresaron después en la silbatina que recibió de la militancia en un mitin en la plaza San Martín en 1986, y su posterior renuncia a la presidencia de IU. Para la izquierda era necesario construir una dirección más institucional, menos caudillista. Para eso se convocó al I Congreso Nacional, que como sabemos fue un fracaso, porque marcó el inicio de la ruptura y la liquidación de la izquierda (entre paréntesis, en lo personal pasé de mi antibarrantismo a un distanciamiento de IU, para luego entusiasmarme con las posibilidades que abría el I Congreso, lo que me llevó a militar en IU como independiente, y apoyar a la Comisión organizadora del Congreso, presidida por Pease; trabajé en la Comisión de Formación Política con Narda Henríquez, pero esa es otra historia que debe ser contada en otro lugar, como diría Michael Ende. En todo caso, entré a militar muy tarde, porque la IU se destrozó poco después).
En la debacle de la izquierda Barrantes tuvo mucha responsabilidad, a mi juicio (no solamente él, ciertamente): apostó por cimentar su liderazgo por fuera de IU, en vez de luchar por ganarlo dentro. Por eso no participó en el Congreso, jugó a dividir a la izquierda, lo que logró al final, pero con consecuencias catastróficas: tan malas, que Pease, como candidato de IU, sacó más votos que él, el supuesto imán de votos, como candidato de Izquierda Socialista en 1990. Barrantes terminó su vida política en 1995 reviviendo como comedia la tragedia de 1990, con el sainete de su candidatura presidencial esta vez con IU, que terminó en su renuncia, al no llegarse a acuerdos para definir candidatos (qué novedad), candidatura que terminó asumiendo Agustín Haya (sí, el actual Jefe de la APCI, actual militante aprista), por la cual sacó el 0.6% de los votos.
¿Por qué hablo de esto? ¿No sería mejor callarse? Planteo estos temas porque cada vez me convenzo más de la importancia de las personas para dar cuenta de la política, y de qué manera las características de las personas afectan el desempeño público, por lo que no deberíamos pasar estas cosas por alto. Ahora bien, con esto no pretendo asumir una posición moralista, contraria al espíritu maquiaválico que anima este blog. Maquiavelo decía que:
“Dejando, pues, a un lado las fantasías, y preocupándonos sólo de las cosas reales, digo que todos los hombres, cuando se habla de ellos, y en particular los príncipes, por ocupar posiciones más elevadas, son juzgados por algunas de estas cualidades que les valen o censura o elogio. Uno es llamado pródigo, otro tacaño (y empleo un término toscano, porque «avaro», en nuestra lengua, es también el que tiende a enriquecerse por medio de la rapiña, mientras que llamamos «tacaño» al que se abstiene demasiado de gastar lo suyo); uno es considerado dadivoso, otra rapaz; uno cruel, otro clemente; uno traidor, otro leal; uno afeminado y pusilánime, otro decidido y animoso; uno humano, otro soberbio; uno lascivo, otro casto; uno sincero, otro astuto; uno duro, otro débil; uno grave, otro frívolo; uno religioso, otro incrédulo, y así sucesivamente.
Sé que no habría nadie que no opinase que sería cosa muy loable que, de entre todas las cualidades nombradas, un príncipe poseyese las que son consideradas buenas; pero como no es posible poseer las todas, ni observarlas siempre, porque la naturaleza humana no lo consiente, le es preciso ser tan cuerdo que sepa evitar la vergüenza de aquellas que le significarían la pérdida del Estado, y, si puede, aun de las que no se lo haría perder, pero si no puede no debe preocuparse gran cosa y mucho menos de incurrir en la infamia de vicios sin los cuales difícilmente podría salvar el Estado, porque si consideramos esto con frialdad, hallaremos que, a veces, lo que parece virtud es causa de ruina, y lo que parece vicio sólo acaba por traer el bienestar y la seguridad” (El Príncipe, Capítulo XV, De aquellas cosas por las cuales los hombres, especialmente los príncipes, son alabados o censurados).
Bernard de Mandeville habló también de cómo los vicios privados pueden convertirse en virtudes públicas.
De otro lado, siguiendo con este lado indulgente, exploro un argumento barrantista: ¿no será que lo que considero frivolidad en realidad es parte de esa estrategia de ampliar la convocatoria de la izquierda a sectores no convencionales? Lo que parece paranoia y mezquindad, ¿no son efectivos mecanismos de defensa frente a los reales conflictos internos de la izquierda, y las reales serruchadas de piso en contra de Barrantes? Las dudas e indecisiones de Barrantes, ¿no eran consecuencia de la conciencia de la precariedad de la izquierda, y de que prefería perder antes que encabezar un gobierno inviable?
Ok, puede ser. Sin embargo, las actitudes y defectos personales de Barrantes no fueron para nada positivos para el futuro de la izquierda, algo muy distinto al análisis que uno podría hacer de Alan García y el APRA, por ejemplo. Su paranoia y mezquindad no llevaron a fortalecer un ala socialdemocráta en la izquierda, sino a la liquidación de ésta en su conjunto; y su frivolidad llevó al final no a ampliar la convocatoria, sino a perder la propia sin ganar alguna otra. Finalmente, creo que a Barrantes le faltó el coraje necesario para asumir de manera decidida y consecuente un viraje socialdemócrata: Barrantes debió haber dedicado sus esfuerzos a construir un partido de ese carácter, deslindando claramente con los sectores más ultras de la izquierda, en vez de jugar ambiguamente a la unidad y socavarla al mismo tiempo. Así, el Perú habría marchado a finales de la década de los ochenta el camino que seguirían también después los socialistas chilenos, brasileños, uruguayos, etc. Y el Perú no destacaría por ser un país donde la izquierda no existe, en un continente en el que la izquierda está en alza. En suma, el caso de Barrantes es uno en el que los defectos personales se convirtieron en defectos políticos. Una lección para quienes hoy hacen esfuerzos de construcción partidaria. Me parece que es el caso de un líder que, ante circunstancias que requerían grandes respuestas, simplemente no dio la talla. Funcionó mejor en circunstancias menos apremiantes, pero no en las de finales de la década de los años ochenta.
Son temas polémicos, ciertamente. Pero me parece necesario plantear estos debates.
El 5 de diciembre pasado se realizó un homenaje a Alfonso Barrantes en la Casona de San Marcos, al conmemorarse el séptimo aniversario de su fallecimiento (ocurrido el 2 de diciembre de 2000). No tuve tiempo para hacer un comentario al respecto, lo hago ahora, más vale tarde que nunca.
Es evidente que Barrantes es la figura política más importante de la izquierda durante la década de los años ochenta, la década “de oro” de la izquierda peruana, cuando se convirtió en la segunda fuerza política del país. Este logro hubiera sido imposible sin él; la política en general, y la nuestra en particular, es muy personalista. Barrantes logró cambiarle la cara a la izquierda peruana de la década de los setenta, marcada hasta entonces por el estilo de líderes como Hugo Blanco, Genaro Ledesma o Jorge del Prado. La izquierda aparecía rabiosa, sin propuesta, agitadora, violenta, marxista-leninista, dogmática, atea, insurreccional. Barrantes apareció y sacó de cuadro a todos; tenía un estilo de tranquilo y cortés profesor provinciano, era católico, tenía chispa, sentido del humor, una gran capacidad de comunicación, hablaba sencillo, sin grandes rollos ideológicos, se presentaba como un hombre amable, accesible. Este personaje se convirtió en el gran referente político de la izquierda para la gente común (el “tío frejolito”), de allí su arrastre electoral y popularidad. Barrantes amplió la convocatoria de la izquierda más allá de sus bases organizadas tradicionales, llegó a otros sectores populares y a sectores medios. También fue una persona honesta y modesta, cuestión importante que se debe resaltar. Muchos recuerdan al final de sus días a Barrantes haciendo su cola en el seguro social. No se enriqueció haciendo política.
Para mí lo más importante, visto retrospectivamente, es que desde inicios de la década de los años ochenta Barrantes tuvo el acierto y el coraje de marcar una línea clara de deslinde con Sendero Luminoso (cuando el conjunto de la izquierda era tremendamente ambigua), y de proponer el diálogo con otras fuerzas y el acuerdo nacional para enfrentar los problemas y como medio de “acumulación de fuerzas” para la izquierda, en vez de una lógica de pura agitación y confrontación.
Yo tenía 15 años cuando Barrantes se convirtió en presidente de IU en 1980, y su figura fue decisiva para que desarrollara una identidad de izquierda, a pesar de que todo mi entorno familiar fuera contrario a ese camino. Tenía 18 cuando ganó la alcaldía, y estaba en el primer año de estudios universitarios. Al entrar a la facultad de ciencias sociales, en 1985, una de las primeras cosas que hice fue enrolarme como practicante en la Oficina de Participación Vecinal de la Municipalidad de Lima, en el proyecto especial Huaycán, con el que la facultad tenía algún tipo de convenio, a través de Isabel Yepes. Recuerdo que también estaba involucrado el Centro Ideas, a través de Marina Irigoyen.
En Huaycán los practicantes éramos pinches típicos, mi chamba era básicamente pegar afiches y publicitar las distintas campañas del municipio (de salud, básicamente), y ser mensajero de convocatorias de reuniones y comunicaciones entre la oficina de participación vecinal y los dirigentes de las distintas zonas. Nada muy emocionante, aparentemente, pero en realidad sí lo era para quienes lo hacíamos (especialmente para mí y mi pata Ricardo Caro), y hoy lo recuerdo como una experiencia fundamental en mi formación. En Huaycán trabajábamos con la arquitecta Silvia de los Ríos, quien hoy trabaja en CIDAP, y con Linda Zilbert, a quien le he perdido la pista.
Huaycán era un proyecto urbano diseñado por el arquitecto Eduardo Figari, con un planteamiento que buscaba promover la organización popular y la vida comunitaria: las puertas de las casas estaban dentro de las manzanas, como en quintas, y no daban a la calle; se privilegiaban los espacios comunitarios, antes que los de propietarios individuales. Ideas quiméricas: la gente no quería eso, y construyó al final a su modo, como puede verse hoy. Figari era militante de VR, si no me acuerdo mal... sí, Figari, quien años después diseñó Larcomar y hoy está en FORSUR con Favre, vueltas que da la vida. Como todos saben, Huaycán era también “zona roja”: más de una vez nos cruzamos con gente del MRTA y de SL volanteando por ahí, alguna vez vimos la figura de la hoz y el martillo ardiendo en los cerros por la noche. Pudimos conocer a muchos esforzados dirigentes populares de varios partidos, pudimos admirar la chamba de la gente para convertir un terreno lleno de rocas y arena en una ciudad, pudimos ver cómo se hacía política en una zona altamente conflictiva, asistiendo a asambleas y conversando con todo tipo de gente, zona que ya empezaba también a militarizarse (nos tocaron también batidas y regresos a Lima apurados antes del toque de queda). Sobre todo esto ver el informe de la CVR:
http://www.cverdad.org.pe/ifinal/pdf/TOMO%20V/SECCION%20TERCERA-Los%20Escenarios%20de%20la%20violencia%20(continuacion)/2.%20HISTORIAS%20REPRESENTATIVAS%20DE%20LA%20VIOLENCIA/2.13%20LA%20VIOLENCIA%20EN%20HUAYCAN.pdf
Bueno, pero yo estaba hablando sobre Barrantes. En Huaycán descubrí algo que mucha gente dentro de la izquierda sabe: Barrantes era un estorbo dentro de la municipalidad. Era una excelente cara pública, gracias a él se ganó la elección, pero era terrible dentro. En Huaycán y en Participación Vecinal descubrí, para mi sorpresa, que Barrantes frecuentemente boicoteaba actividades y programas del municipio por pura mezquindad política. Barrantes solía decir que él no iba a trabajar para Patria Roja o para el PUM o para cualquier otro grupo que "se aprovechaba de él", entonces saboteaba actividades de unas oficinas o el trabajo en algunos barrios, para no “beneficiar” a partidos que tenían “presencia” en esas zonas. En Huaycán me consta que no quiso estar en algunas inauguraciones de obras porque esas eran zonas “de Patria Roja”. Muchas personas que trabajaron en la Municipalidad saben que la gestión funcionó gracias al equipo encabezado por el Teniente Alcalde, Henry Pease, y a pesar de Barrantes. Las cosas funcionaban bien cuando Barrantes estaba de viaje (ocasión bastante frecuente, por lo demás), y se trababan cuando regresaba.
Así que mi experiencia en Huaycán me hizo rápidamente antibarrantista. Estos defectos de Barrantes se hicieron patentes también en las campañas de 1985 y por la reelección de 1986. Barrantes dejaba plantada a la gente en los mítines, no subía al estrado si es que en él había gente que no le caía, suspendía actividades de campaña para asistir a recepciones y cocteles... en otras palabras, Barrantes era un tipo mezquino, paranoico, frívolo, que le encantaba frecuentar actividades sociales oficiales, y que privilegiaba ello a la asistencia a mitines y encuentros populares. De esto mucha gente dentro de la izquierda ha comentado, solo que pocos lo han puesto por escrito. Por eso recomiendo leer Izquierda Unida y el Partido Comunista, de Guillermo Herrera (Lima, Termil, 2002, 823 p.), donde encontrarán muchas anécdotas al respecto y un interesante análisis de los problemas de la izquierda.
Por ejemplo, Herrera cita a Angel Delgado:
"... Yo estaba en la comisión de campaña [1986] y recuerdo cuando Barrantes no iba a los mítines, especialmente a las zonas populares, y tenía que ir yo a veces con Pease. La gente, incluso, al no ver a Barrantes nos silbaba. Había una desazón profunda y no era una sino varias veces; el momento más crítico fue en el mitin de cierre de campaña, al que amenazó con no ir. Nosotros habíamos programado un rol de oradores pero Alfonso exigió hablar solo, y en su discurso arrancó diciendo que él no le debía nada a nadie y que sólo sentía un compromiso con su pueblo. Más tarde responsabilizaría de la derrota a los partidos, acusándolos de haberlo dejado solo, de haberlo abandonado...
[el desapego de Alfonso con la campaña, que dejaba de ir a reuniones, mítines, y no se preparaba para las polémicas] el caso extremo ocurrió cuando vino la cantante Paloma San Basilio y Barrantes se la pasó días de días atendiéndola, dejando de lado los compromisos electorales" (p. 324-325).
"Me acuerdo una anécdota famosa que me contaba [Mario] Zolezzi, también regidor de Lima): una vez por falta de cupo en un vuelo o algo así, tuvieron que quedarse en Arequipa, y se suscita el siguiente diálogo:
- Entonces, ¿qué hacemos, Dr. Zolezzi? Dice Barrantes.
- Iremos al hotel, le responde Zolezzi.
- No, le dice Alfonso, voy a llamar a Alan.
Según la versión que recibí, Barrantes cogió un teléfono y llamó a palacio, pidiéndole a Alan García que le envíe un avión; cuenta Zolezzi que el presidente García les ofreció enviar el avión presidencial y que Barrantes le comentaba entre risueño e irónico: ése es el poder" (p. 326).
La paranoia de Barrantes respecto a compañeros que le serruchaban el piso era hábilmente alentada por Alan García. Al respecto ver por ejemplo de Jeff Daeschner, The War of the End of Democracy: Mario Vargas Llosa vs. Alberto Fujimori. Lima, Peru Reporting, 1993; y de Gregory Schmidt, “Fujimori's 1990 Upset Victory in Peru: Electoral Rules, Contingencies, and Adaptive Strategies” en: Comparative Politics, vol. 28, No. 3, Apr., 1996, p. 321-354.
Los problemas que generaba el tipo de conducción de Barrantes se expresaron después en la silbatina que recibió de la militancia en un mitin en la plaza San Martín en 1986, y su posterior renuncia a la presidencia de IU. Para la izquierda era necesario construir una dirección más institucional, menos caudillista. Para eso se convocó al I Congreso Nacional, que como sabemos fue un fracaso, porque marcó el inicio de la ruptura y la liquidación de la izquierda (entre paréntesis, en lo personal pasé de mi antibarrantismo a un distanciamiento de IU, para luego entusiasmarme con las posibilidades que abría el I Congreso, lo que me llevó a militar en IU como independiente, y apoyar a la Comisión organizadora del Congreso, presidida por Pease; trabajé en la Comisión de Formación Política con Narda Henríquez, pero esa es otra historia que debe ser contada en otro lugar, como diría Michael Ende. En todo caso, entré a militar muy tarde, porque la IU se destrozó poco después).
En la debacle de la izquierda Barrantes tuvo mucha responsabilidad, a mi juicio (no solamente él, ciertamente): apostó por cimentar su liderazgo por fuera de IU, en vez de luchar por ganarlo dentro. Por eso no participó en el Congreso, jugó a dividir a la izquierda, lo que logró al final, pero con consecuencias catastróficas: tan malas, que Pease, como candidato de IU, sacó más votos que él, el supuesto imán de votos, como candidato de Izquierda Socialista en 1990. Barrantes terminó su vida política en 1995 reviviendo como comedia la tragedia de 1990, con el sainete de su candidatura presidencial esta vez con IU, que terminó en su renuncia, al no llegarse a acuerdos para definir candidatos (qué novedad), candidatura que terminó asumiendo Agustín Haya (sí, el actual Jefe de la APCI, actual militante aprista), por la cual sacó el 0.6% de los votos.
¿Por qué hablo de esto? ¿No sería mejor callarse? Planteo estos temas porque cada vez me convenzo más de la importancia de las personas para dar cuenta de la política, y de qué manera las características de las personas afectan el desempeño público, por lo que no deberíamos pasar estas cosas por alto. Ahora bien, con esto no pretendo asumir una posición moralista, contraria al espíritu maquiaválico que anima este blog. Maquiavelo decía que:
“Dejando, pues, a un lado las fantasías, y preocupándonos sólo de las cosas reales, digo que todos los hombres, cuando se habla de ellos, y en particular los príncipes, por ocupar posiciones más elevadas, son juzgados por algunas de estas cualidades que les valen o censura o elogio. Uno es llamado pródigo, otro tacaño (y empleo un término toscano, porque «avaro», en nuestra lengua, es también el que tiende a enriquecerse por medio de la rapiña, mientras que llamamos «tacaño» al que se abstiene demasiado de gastar lo suyo); uno es considerado dadivoso, otra rapaz; uno cruel, otro clemente; uno traidor, otro leal; uno afeminado y pusilánime, otro decidido y animoso; uno humano, otro soberbio; uno lascivo, otro casto; uno sincero, otro astuto; uno duro, otro débil; uno grave, otro frívolo; uno religioso, otro incrédulo, y así sucesivamente.
Sé que no habría nadie que no opinase que sería cosa muy loable que, de entre todas las cualidades nombradas, un príncipe poseyese las que son consideradas buenas; pero como no es posible poseer las todas, ni observarlas siempre, porque la naturaleza humana no lo consiente, le es preciso ser tan cuerdo que sepa evitar la vergüenza de aquellas que le significarían la pérdida del Estado, y, si puede, aun de las que no se lo haría perder, pero si no puede no debe preocuparse gran cosa y mucho menos de incurrir en la infamia de vicios sin los cuales difícilmente podría salvar el Estado, porque si consideramos esto con frialdad, hallaremos que, a veces, lo que parece virtud es causa de ruina, y lo que parece vicio sólo acaba por traer el bienestar y la seguridad” (El Príncipe, Capítulo XV, De aquellas cosas por las cuales los hombres, especialmente los príncipes, son alabados o censurados).
Bernard de Mandeville habló también de cómo los vicios privados pueden convertirse en virtudes públicas.
De otro lado, siguiendo con este lado indulgente, exploro un argumento barrantista: ¿no será que lo que considero frivolidad en realidad es parte de esa estrategia de ampliar la convocatoria de la izquierda a sectores no convencionales? Lo que parece paranoia y mezquindad, ¿no son efectivos mecanismos de defensa frente a los reales conflictos internos de la izquierda, y las reales serruchadas de piso en contra de Barrantes? Las dudas e indecisiones de Barrantes, ¿no eran consecuencia de la conciencia de la precariedad de la izquierda, y de que prefería perder antes que encabezar un gobierno inviable?
Ok, puede ser. Sin embargo, las actitudes y defectos personales de Barrantes no fueron para nada positivos para el futuro de la izquierda, algo muy distinto al análisis que uno podría hacer de Alan García y el APRA, por ejemplo. Su paranoia y mezquindad no llevaron a fortalecer un ala socialdemocráta en la izquierda, sino a la liquidación de ésta en su conjunto; y su frivolidad llevó al final no a ampliar la convocatoria, sino a perder la propia sin ganar alguna otra. Finalmente, creo que a Barrantes le faltó el coraje necesario para asumir de manera decidida y consecuente un viraje socialdemócrata: Barrantes debió haber dedicado sus esfuerzos a construir un partido de ese carácter, deslindando claramente con los sectores más ultras de la izquierda, en vez de jugar ambiguamente a la unidad y socavarla al mismo tiempo. Así, el Perú habría marchado a finales de la década de los ochenta el camino que seguirían también después los socialistas chilenos, brasileños, uruguayos, etc. Y el Perú no destacaría por ser un país donde la izquierda no existe, en un continente en el que la izquierda está en alza. En suma, el caso de Barrantes es uno en el que los defectos personales se convirtieron en defectos políticos. Una lección para quienes hoy hacen esfuerzos de construcción partidaria. Me parece que es el caso de un líder que, ante circunstancias que requerían grandes respuestas, simplemente no dio la talla. Funcionó mejor en circunstancias menos apremiantes, pero no en las de finales de la década de los años ochenta.
Son temas polémicos, ciertamente. Pero me parece necesario plantear estos debates.
martes, 18 de diciembre de 2007
Guillermo Rochabrún, marxista crítico
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Guillermo Rochabrún, marxista crítico
Martín Tanaka
Instituto de Estudios Peruanos
Diciembre de 2007
Ha sido publicada recientemente una antología de textos de Guillermo Rochabrún, que reune trabajos dispersos y de difícil acceso, así como algunos inéditos, que permite apreciar en toda su magnitud el aporte de varias décadas de trabajo académico (Batallas por la teoría. En torno a Marx y el Perú. Lima, Instituto de Estudios Peruanos, 2007, 559p.). Este libro es, entre otras cosas, un merecido homenaje y reconocimiento al gran maestro de generación tras generación de estudiantes de sociología de la Pontificia Universidad Católica, quien a través de los cursos de teoría nos formó como sociólogos, y a un autor importante, cuya valiosa producción lamentablemente no ha tenido la resonancia que merece.
Todos los que tuvimos el privilegio de tenerlo como profesor podemos decir que Rochabrún no solamente hace lo que debe hacer un profesor de teoría, que es reseñar autores y corrientes, y mostrar su utilidad, pertinencia y aplicación práctica. Lo que hace único a Rochabrún es que nos enseñó a pensar, a razonar, con rigor, disciplina, precisión, con un sentido profundamente crítico. Esto lo ha convertido en un auténtico maestro, por lo que tantas generaciones de estudiantes le guardamos gratitud y cariño. Evidentemente, Rochabrún está exonerado de toda responsabilidad por lo que hayamos hecho sus alumnos después...
Pero no me referiré aquí a su trabajo docente, sino a su producción académica, reunida en este libro. Dije que se trata de una producción valiosa sin la recepción, influencia, que mereció: ¿por qué? Creo que porque Rochabrún ha sido un intelectual insular y un marxista crítico. La clave de su relativo aislamiento acaso explique también su lucidez.
Respecto a su carácter insular; el autor menciona en la fascinante introducción del libro, en la que reseña su biografía intelectual (“Un marxista académico ante el espejo”), que ha sido básicamente un profesor universitario, que no ha pasado por partidos políticos, no ha trabajado en ONGs, no ha sido activista en colectivos sociales o parte de grupos intelectuales (salvo su paso por la Revista Sociedad y Política, en la que Rochabrún era un “junior” al lado de figuras como las de Aníbal Quijano o Julio Cotler), es decir, no ha tenido un grupo que haya hecho suyas sus ideas, que las defienda y promocione, a pesar de la importancia de sus aportes, como veremos a continuación. Otro asunto que explica la difusión de sus ideas es que lo fundamental de sus aportes se ubica en una perspectiva marxista crítica, lo que, en un país poco acostumbrado al debate, en medio de una comunidad académica que en cierto modo renegó del marxismo, reforzó también esta insularidad. Volveré sobre este asunto más adelante.
Llama la atención, al releer los textos de Rochabrún, constatar su lucidez, anticipación de temáticas de desarrollo posterior, y contrastar esto con su escasa difusión. Veamos algunos de sus textos de teoría marxista, la base del pensamiento del autor. Está su crítica a los fundamentos de la economía neoclásica, “La zanahoria y el asno: para un análisis crítico de la noción de escasez”, de 1977, pero publicado recién en 1999, en donde se adelanta el análisis de lo que hoy llamaríamos la existencia de bienes públicos y privados, la presencia de externalidades, y la internalización de externalidades a través de precios para compensar las externalidades negativas, ideas centrales de la teoría de la elección pública, pero que en su momento no generaron mayor debate.
Uno lee hoy trabajos como el clásico “Base y superestructura en el ‘Prefacio’ y en El Capital”, de 1977, y se pregunta por qué Rochabrún no estuvo terciando en debates centrales de la teoría marxista como los que enfrentaron a Louis Althusser, Edward Thompson, Perry Anderson y otros. Recuerden que Miseria de la teoría de Thompson es de 1978, y Teoría, política e historia. Un debate con E.P. Thompson, de Perry Anderson, es de 1980. Lo que estos autores están debatiendo son temas centrales referidos precisamente a la relación entre base y superestructura, debate fundamental en la historia del marxismo y del pensamiento social en general, que se puede frasear como el debate entre agencia y estructura, para ponerlo en los términos de Giddens, quien también parte de la obra de Marx para abordar esta discusión (en su libro La constitución de la sociedad, de 1984).
El aporte de Rochabrún es resolver este debate apelando a la idea de que se trata de una oposición falsa, cuya naturaleza es revelada mediante el análisis de El Capital. Según el autor, en El Capital las cosas están planteadas de modo que los elementos “superestructurales” son parte intrínseca del orden económico-social. En el análisis del capitalismo Marx muestra cómo en su dinámica, que da lugar a las clases sociales, se entrecruzan elementos económicos, sociales e institucionales. Sobre esta base, no se erige la superestructura jurídico-política, sino discurre la historia, los conflictos entre las clases sociales, en un escenario abierto y contingente (el mundo de lo político), donde cada realidad requiere un análisis particular. De esto se deriva que el estudio de las clases y de la política concreta no debe consistir en “aplicar” las categorías marxistas, sino partir del estudio del funcionamiento del capitalismo en la realidad concreta, y cómo allí surgen las clases y se desarrolla la política con contornos particulares. Un intento de hacer esta aproximación al estudio del caso peruano es otro texto clásico, “Apuntes para la comprensión del capitalismo en el Perú”, de 1977, que da pistas fundamentales para no deducir la realidad desde la teoría, típico vicio estructuralista, sino analizar cómo las determinaciones del capitalismo adquieren perfiles propios al operar en el medio peruano. Rochabrún habla así de un capitalismo “subdeterminado”.
A propósito, desde este punto de vista podría pensarse un tema de debate actual, la capacidad del desarrollo capitalista para articular al conjunto de la población del país, especialmente a los sectores pobres y excluidos. Para Jaime de Althaus, en La revolución capitalista en el Perú (FCE, 2007) el actual tipo de crecimiento, a diferencia del pasado, tiene mayor capacidad de generar eslabonamientos y dar lugar a un desarrollo inclusivo. Algunos críticos de Althaus cuestionan lo que consideran un optimismo excesivo, señalando que se trata de la extrapolación de un periodo todavía muy corto de crecimiento. Desde el punto de vista sugerido por Rochabrún, el problema no sería cuantitativo, sino cualitativo: en el país se amplían los circuitos mercantiles, los mercados, el uso del dinero, pero no desaparecen relaciones sociales no capitalistas, lo que termina debilitando la expansión y los procesos de acumulación. Estas ideas permiten entender porqué a pesar del crecimiento económico la pobreza persiste, así como el descontento ciudadano con el rumbo del país.
De este modo, en la década de los años setenta, mientras la izquierda y los académicos de izquierda, al inicio de la crisis asociada con el modelo nacional-popular-estatista, proclamaban el inminente colapso del capitalismo y diagnosticaban la existencia de una “situación prerevolucionaria”, Rochabrún por el contrario llamaba la atención sobre la debilidad del capitalismo para dar cuenta de la dinámica general del país. Aquí encontramos a un marxista crítico, lejano del predominante “folklore marxista” tal como lo califica el autor, en medio de los debates sobre la feudalidad, semifeudalidad, el carácter dependiente o periférico de nuestro capitalismo, entre otros.
El tipo de aproximación de Rochabrún habría permitido encarar de manera provechosa el debate sobre la relación entre la teoría marxista, las clases sociales y la realidad latinoamericana, debate que no llegó a darse de manera cabal en nuestro país. Esta manera de pensar las cosas estuvo relativamente ausente, soterrada en el contexto del peso abrumador de la influencia del estructuralismo. Estos temas se debatían en la región sin participación peruana. Ver por ejemplo lo que considero una verdadera joya bibliográfica, de Raúl Benítez, coord.: Las clases sociales en América Latina. Problemas de conceptualización. México, Siglo XXI, eds., 1973; donde debaten sobre el tema, entre otros, Alain Touraine, Nicos Poulantzas, Hernando Henrique Cardoso, Manuel Castells, Florestan Fernandes, Rodolfo Stavenhagen, Francisco Weffort, Gino Germani, Edelberto Torres Rivas, reunidos en un seminario en Mérida de 1971 (ningún peruano allí: aunque en la introducción se menciona la lamentable ausencia de Aníbal Quijano, que por alguna razón no llegó). Aquí uno encuentra, sobre todo en las intervenciones de Cardoso, el llamado a historizar la temática de las clases en el contexto latinoamericano, a analizar las características específicas del desarrollo del capitalismo en la región; esta fue una línea de reflexión presente en otros países latinoamericanos, pero casi ausente en el Perú, más allá de los trabajos de Rochabrún .
1977. El Perú, junto a toda la región, iniciaba procesos de transición a la democracia. El sentido común marxista pensaba la democracia como una mera fachada legal que encubría la dominación de clase. ¿Cómo pasar al escenario democrático desde estas premisas? En el cono sur el aprendizaje del valor de la democracia se realizó por el trauma de la represión de las dictaduras, como señalaron Norbert Lechner y muchos otros autores . En el caso peruano la cosa fue más difícil, dado el carácter reformista del gobierno militar de Velasco. Es más, el velasquismo de algún modo implementó y agotó el arsenal de reformas de la izquierda peruana (“Izquierda, democracia y crisis en el Perú”, de 1988). Sin embargo, hay otro texto de Rochabrún que permite salir del atolladero, “Economía y política en el análisis del capitalismo y de la sociedad en América Latina”, de 1981. En ese texto la democracia aparece no como el resultado necesario de la forma de producción capitalista, sino como resultado contingente de la lucha de clases. En esto Rochabrún se pone a la par de trabajos como los de Adam Przeworski, quien defendería tesis similares en libros posteriores, como Capitalismo y socialdemocracia, de 1985, o Paper Stones. A History of Electoral Socialism, de 1986, entre muchos otros.
Sin embargo, en nuestro país se produjo un cambio de paradigma sin ajuste de cuentas; las izquierdas pasaron en lo político del paradigma de la revolución al de la democracia, sin mayor explicación. El problema es que en lo académico también se dio una mudanza equivalente, de la preocupación por las clases sociales a la de los movimientos sociales, actores visibles en el contextos de las luchas contra las dictaduras y los procesos de democratización; y de la reflexión sobre el carácter de la sociedad, a la preocupación sobre la democracia como régimen. Esto es resultado de las estrechas relaciones (al punto de indistinción) en esos años entre activismo político y reflexión académica. Rochabrún se mantuvo como teórico marxista, con lo que quedó relativamente aislado en medio del viraje de las ciencias sociales. Pero al ser un académico marxista crítico, también quedó aislado de las ortodoxias marxistas que continuaron el década de los años ochenta.
Así, Rochabrún, desde las ideas centrales e intuiciones de Marx, quedó como un crítico de las modas intelectuales, de los paradigmas y sentidos comunes existentes en nuestras ciencias sociales. Ahora bien, cabe destacar que lo que ocurrió con las ciencias sociales le ocurrió también a Rochabrún, solo que más gradualmente. Rochabrún relata en la introducción cómo con los años se fue alejando él también del marxismo, hasta el punto de pensar que “el pensamiento de Marx tiene mucho que decir en algunos casos, poco o nada en otros, y no puede pretender dirigir el conjunto” (p. 59). Si algún reproche cabe hacer a Rochabrún es que él era probablemente la persona más preparada para llevar adelante un ajuste de cuentas con Marx y con las corrientes del marxismo, y de proponer maneras de pensar el Perú y el mundo contemporáneo. Lo hizo muy parcialmente.
Me viene a la mente el caso de Jon Elster, en Una introducción a Karl Marx, de 1991. Allí Elster se pregunta qué está vivo y qué está muerto en Marx, y responde: está muerto el socialismo científico, el materialismo dialéctico, la teleología y el funcionalismo, la teoría económica, y la teoría de las fuerzas productivas y las relaciones de producción. ¿Qué vive? El método dialéctico, al menos una versión de él; la teoría de la alienación; la teoría de la explotación y la concepción de Marx de la justicia distributiva; la teoría del cambio técnico; la teoría de la conciencia de clase, la lucha de clases y la política, aunque con límites; y la teoría de la ideología, que está agonizante, pero debe ser resucitada. En nuestro medio no encontramos ningún esfuerzo equivalente.
El camino que siguió Rochabrún fue asumir el papel de crítico, desde lo que podríamos llamar los fundamentos de un método marxista. Recuerdo alguna reunión no hace muchos años en la Universidad Católica, entre profesores de la facultad de ciencias sociales y algunos profesores extranjeros visitantes. Quedamos en hacer una breve rueda de presentación de cada uno; por ejemplo yo dije mi nombre y añadí que me interesaban los partidos, la democracia, los movimientos sociales. Otros dijeron otras cosas, según su especialidad. Cuando le tocó el turno a Rochabrún, dijo: “yo critico lo que hacen ellos”. Antonio Cisneros, en Canto ceremonial contra un oso hormiguero, llamó a Marx “viejo aguafiestas”. Podría decirse que Rochabrún con sus posiciones críticas ha ocupado la misma posición, de permanente y lúcido aguafiestas (no estoy llamando viejo al maestro, por si acaso). Esto explica también su insularidad. Tarea necesaria, imprescindible, pero ingrata.
Uno de los ángulos principales desde el cual Rochabrún ejerció la crítica parte de su carácter de marxista crítico. Al pasarse de la década de los setenta a los ochenta, la izquierda pasó como vimos del paradigma de la revolución al de la democracia, y también los científicos sociales y las ONGs asociados a ésta. Las circunstancias corrieron mucho más rápido que la capacidad de procesar los cambios. Rochabrún resalta que el paso se dió sin hacer un balance, un ajuste de cuentas; por ello, se arrastraron a la etapa “democrática”, sin advertirlo, algunos de los vicios de la etapa marxista. En la década de los años setenta el autor criticó una visión esencialista del proletariado, visto como una suerte de motor de cambio “llamado por la historia”; en la de los ochenta, el lugar que ocupó la clase obrera empezó a ser ocupado por los nuevos movimientos sociales (ver “Del mito proletario al mito popular”, de 1992). De allí que Rochabrún abogue por una saludable y necesaria autonomía de la academia frente a la política.
El autor fue así un crítico del entusiasmo frente a los movimientos sociales (ver por ejemplo “Izquierda, democracia y crisis en el Perú”, de 1988). Llega el momento de hacer evaluaciones: Rochabrún tuvo razón. Los nuevos movimientos sociales mostraron rápidamente sus límites como expresión de un nuevo orden social, o en términos de su potencial “democratizador” . Ahora bien, yo sostengo que la crítica de Rochabrún puede perfectamente extenderse hasta el presente: el voluntarismo en el análisis de la clase obrera y de los movimientos sociales se expresa hoy en la apuesta por la sociedad civil y de la participación ciudadana como remedios a los límites de la democracia representativa. Llama la atención cómo en la izquierda política, algunos intelectuales y ONGs, persisten estilos de razonamiento y de trabajo, a pesar de la magnitud de los cambios ocurridos en las últimas décadas.
Rochabrún fue también contra la corriente al cuestionar la centralidad de Sendero Luminoso como fenómeno para pensar el conjunto de la sociedad peruana; en algún texto sostuvo que probablemente el país no cambiaría mucho si es que Sendero Luminoso no existiera. De otro lado, el autor llamó la atención sobre la extrañeza que despertaba en las ciencias sociales, a pesar de que Sendero compartía con la izquierda un tronco común, y lo que hacía era llevar a la práctica postulados que muchos otros grupos tenían (“Sendero Luminoso y las profundidades del Perú”, texto inédito de 1989).
También estuvo a contracorriente cuando planteó que las tradiciones racistas, estamentales y excluyentes como forma de organización social no resultaban más válidas en el país, a pesar de que subsistieran en el plano de los imaginarios y de algunas prácticas (ver “Los tiempos y las crisis”, de 1986), planteamiento que retoma el cuestionamiento a la idea de la existencia de una “herencia colonial”, que expuso en su reseña crítica al libro Clases, Estado y nación en el Perú ((La visión del Perú de Julio Cotler. Un balance crítico, de 1978).
Más adelante, en la década de los años noventa, Rochabrún cuestionó la tesis de la existencia de una cultura autoritaria en las clases populares para explicar su apoyo al fujimorismo, y buscó entenderlo apelando a los intereses, la racionalidad y el pragmatismo de los sectores populares (“Descifrando el enigma de Alberto Fujimori”, de 1996). Aquí nuevamente encontramos la idea de que el diagnóstico errado de la existencia de una cultura autoritaria es un espejo de la idea, errada también, de que habría habido una cultura democrática en la década de los años ochenta (ver “¿Crisis de paradigmas o falta de rigor?”, de 1994). También cuestionó la apuesta por la “informalidad”, como clave para el desarrollo capitalista y la renovación social (“De madres de familia a capitalistas: las trampas de la informalidad”, de 1994); también la tesis de la existencia de un problema de representación política (que centra la responsabilidad en la oferta política), y llamó la atención sobre los problemas de representabilidad de los representados, en un contexto de fragmentación y desarticulación social (“El problema está en los representados”, de 2003); así como la idea de la existencia de una grave polarización social en la coyuntura del año 2000 (“¿Polarizaciones...? ¡Las de mi tiempo! Electorado y ciudadanía en los 90 y en el 2000”, de 2000); todo esto en textos de formato breve, pero no por ello menos sustanciosos.
En suma, el libro de Rochabrún condensa la trayectoria de un intelectual cuya lucidez provino de su independencia, de su insularidad, de un trabajo académico riguroso, que no temió ir contra la corriente, y asumir el papel de crítico y de aguafiestas; que tuvo en el marxismo el punto de partida de su reflexión: alejado del “folklore marxista”, y fiel a la idea de ver la realidad como “síntesis de múltiples determinaciones”, y “unidad de lo diverso”, como lo señalara en uno de sus primeros textos, “¿Hay una metodología marxista?”, de 1974). Por todo ello, este libro es un merecido homenaje y una muestra de gratitud para el maestro.
Guillermo Rochabrún, marxista crítico
Martín Tanaka
Instituto de Estudios Peruanos
Diciembre de 2007
Ha sido publicada recientemente una antología de textos de Guillermo Rochabrún, que reune trabajos dispersos y de difícil acceso, así como algunos inéditos, que permite apreciar en toda su magnitud el aporte de varias décadas de trabajo académico (Batallas por la teoría. En torno a Marx y el Perú. Lima, Instituto de Estudios Peruanos, 2007, 559p.). Este libro es, entre otras cosas, un merecido homenaje y reconocimiento al gran maestro de generación tras generación de estudiantes de sociología de la Pontificia Universidad Católica, quien a través de los cursos de teoría nos formó como sociólogos, y a un autor importante, cuya valiosa producción lamentablemente no ha tenido la resonancia que merece.
Todos los que tuvimos el privilegio de tenerlo como profesor podemos decir que Rochabrún no solamente hace lo que debe hacer un profesor de teoría, que es reseñar autores y corrientes, y mostrar su utilidad, pertinencia y aplicación práctica. Lo que hace único a Rochabrún es que nos enseñó a pensar, a razonar, con rigor, disciplina, precisión, con un sentido profundamente crítico. Esto lo ha convertido en un auténtico maestro, por lo que tantas generaciones de estudiantes le guardamos gratitud y cariño. Evidentemente, Rochabrún está exonerado de toda responsabilidad por lo que hayamos hecho sus alumnos después...
Pero no me referiré aquí a su trabajo docente, sino a su producción académica, reunida en este libro. Dije que se trata de una producción valiosa sin la recepción, influencia, que mereció: ¿por qué? Creo que porque Rochabrún ha sido un intelectual insular y un marxista crítico. La clave de su relativo aislamiento acaso explique también su lucidez.
Respecto a su carácter insular; el autor menciona en la fascinante introducción del libro, en la que reseña su biografía intelectual (“Un marxista académico ante el espejo”), que ha sido básicamente un profesor universitario, que no ha pasado por partidos políticos, no ha trabajado en ONGs, no ha sido activista en colectivos sociales o parte de grupos intelectuales (salvo su paso por la Revista Sociedad y Política, en la que Rochabrún era un “junior” al lado de figuras como las de Aníbal Quijano o Julio Cotler), es decir, no ha tenido un grupo que haya hecho suyas sus ideas, que las defienda y promocione, a pesar de la importancia de sus aportes, como veremos a continuación. Otro asunto que explica la difusión de sus ideas es que lo fundamental de sus aportes se ubica en una perspectiva marxista crítica, lo que, en un país poco acostumbrado al debate, en medio de una comunidad académica que en cierto modo renegó del marxismo, reforzó también esta insularidad. Volveré sobre este asunto más adelante.
Llama la atención, al releer los textos de Rochabrún, constatar su lucidez, anticipación de temáticas de desarrollo posterior, y contrastar esto con su escasa difusión. Veamos algunos de sus textos de teoría marxista, la base del pensamiento del autor. Está su crítica a los fundamentos de la economía neoclásica, “La zanahoria y el asno: para un análisis crítico de la noción de escasez”, de 1977, pero publicado recién en 1999, en donde se adelanta el análisis de lo que hoy llamaríamos la existencia de bienes públicos y privados, la presencia de externalidades, y la internalización de externalidades a través de precios para compensar las externalidades negativas, ideas centrales de la teoría de la elección pública, pero que en su momento no generaron mayor debate.
Uno lee hoy trabajos como el clásico “Base y superestructura en el ‘Prefacio’ y en El Capital”, de 1977, y se pregunta por qué Rochabrún no estuvo terciando en debates centrales de la teoría marxista como los que enfrentaron a Louis Althusser, Edward Thompson, Perry Anderson y otros. Recuerden que Miseria de la teoría de Thompson es de 1978, y Teoría, política e historia. Un debate con E.P. Thompson, de Perry Anderson, es de 1980. Lo que estos autores están debatiendo son temas centrales referidos precisamente a la relación entre base y superestructura, debate fundamental en la historia del marxismo y del pensamiento social en general, que se puede frasear como el debate entre agencia y estructura, para ponerlo en los términos de Giddens, quien también parte de la obra de Marx para abordar esta discusión (en su libro La constitución de la sociedad, de 1984).
El aporte de Rochabrún es resolver este debate apelando a la idea de que se trata de una oposición falsa, cuya naturaleza es revelada mediante el análisis de El Capital. Según el autor, en El Capital las cosas están planteadas de modo que los elementos “superestructurales” son parte intrínseca del orden económico-social. En el análisis del capitalismo Marx muestra cómo en su dinámica, que da lugar a las clases sociales, se entrecruzan elementos económicos, sociales e institucionales. Sobre esta base, no se erige la superestructura jurídico-política, sino discurre la historia, los conflictos entre las clases sociales, en un escenario abierto y contingente (el mundo de lo político), donde cada realidad requiere un análisis particular. De esto se deriva que el estudio de las clases y de la política concreta no debe consistir en “aplicar” las categorías marxistas, sino partir del estudio del funcionamiento del capitalismo en la realidad concreta, y cómo allí surgen las clases y se desarrolla la política con contornos particulares. Un intento de hacer esta aproximación al estudio del caso peruano es otro texto clásico, “Apuntes para la comprensión del capitalismo en el Perú”, de 1977, que da pistas fundamentales para no deducir la realidad desde la teoría, típico vicio estructuralista, sino analizar cómo las determinaciones del capitalismo adquieren perfiles propios al operar en el medio peruano. Rochabrún habla así de un capitalismo “subdeterminado”.
A propósito, desde este punto de vista podría pensarse un tema de debate actual, la capacidad del desarrollo capitalista para articular al conjunto de la población del país, especialmente a los sectores pobres y excluidos. Para Jaime de Althaus, en La revolución capitalista en el Perú (FCE, 2007) el actual tipo de crecimiento, a diferencia del pasado, tiene mayor capacidad de generar eslabonamientos y dar lugar a un desarrollo inclusivo. Algunos críticos de Althaus cuestionan lo que consideran un optimismo excesivo, señalando que se trata de la extrapolación de un periodo todavía muy corto de crecimiento. Desde el punto de vista sugerido por Rochabrún, el problema no sería cuantitativo, sino cualitativo: en el país se amplían los circuitos mercantiles, los mercados, el uso del dinero, pero no desaparecen relaciones sociales no capitalistas, lo que termina debilitando la expansión y los procesos de acumulación. Estas ideas permiten entender porqué a pesar del crecimiento económico la pobreza persiste, así como el descontento ciudadano con el rumbo del país.
De este modo, en la década de los años setenta, mientras la izquierda y los académicos de izquierda, al inicio de la crisis asociada con el modelo nacional-popular-estatista, proclamaban el inminente colapso del capitalismo y diagnosticaban la existencia de una “situación prerevolucionaria”, Rochabrún por el contrario llamaba la atención sobre la debilidad del capitalismo para dar cuenta de la dinámica general del país. Aquí encontramos a un marxista crítico, lejano del predominante “folklore marxista” tal como lo califica el autor, en medio de los debates sobre la feudalidad, semifeudalidad, el carácter dependiente o periférico de nuestro capitalismo, entre otros.
El tipo de aproximación de Rochabrún habría permitido encarar de manera provechosa el debate sobre la relación entre la teoría marxista, las clases sociales y la realidad latinoamericana, debate que no llegó a darse de manera cabal en nuestro país. Esta manera de pensar las cosas estuvo relativamente ausente, soterrada en el contexto del peso abrumador de la influencia del estructuralismo. Estos temas se debatían en la región sin participación peruana. Ver por ejemplo lo que considero una verdadera joya bibliográfica, de Raúl Benítez, coord.: Las clases sociales en América Latina. Problemas de conceptualización. México, Siglo XXI, eds., 1973; donde debaten sobre el tema, entre otros, Alain Touraine, Nicos Poulantzas, Hernando Henrique Cardoso, Manuel Castells, Florestan Fernandes, Rodolfo Stavenhagen, Francisco Weffort, Gino Germani, Edelberto Torres Rivas, reunidos en un seminario en Mérida de 1971 (ningún peruano allí: aunque en la introducción se menciona la lamentable ausencia de Aníbal Quijano, que por alguna razón no llegó). Aquí uno encuentra, sobre todo en las intervenciones de Cardoso, el llamado a historizar la temática de las clases en el contexto latinoamericano, a analizar las características específicas del desarrollo del capitalismo en la región; esta fue una línea de reflexión presente en otros países latinoamericanos, pero casi ausente en el Perú, más allá de los trabajos de Rochabrún .
1977. El Perú, junto a toda la región, iniciaba procesos de transición a la democracia. El sentido común marxista pensaba la democracia como una mera fachada legal que encubría la dominación de clase. ¿Cómo pasar al escenario democrático desde estas premisas? En el cono sur el aprendizaje del valor de la democracia se realizó por el trauma de la represión de las dictaduras, como señalaron Norbert Lechner y muchos otros autores . En el caso peruano la cosa fue más difícil, dado el carácter reformista del gobierno militar de Velasco. Es más, el velasquismo de algún modo implementó y agotó el arsenal de reformas de la izquierda peruana (“Izquierda, democracia y crisis en el Perú”, de 1988). Sin embargo, hay otro texto de Rochabrún que permite salir del atolladero, “Economía y política en el análisis del capitalismo y de la sociedad en América Latina”, de 1981. En ese texto la democracia aparece no como el resultado necesario de la forma de producción capitalista, sino como resultado contingente de la lucha de clases. En esto Rochabrún se pone a la par de trabajos como los de Adam Przeworski, quien defendería tesis similares en libros posteriores, como Capitalismo y socialdemocracia, de 1985, o Paper Stones. A History of Electoral Socialism, de 1986, entre muchos otros.
Sin embargo, en nuestro país se produjo un cambio de paradigma sin ajuste de cuentas; las izquierdas pasaron en lo político del paradigma de la revolución al de la democracia, sin mayor explicación. El problema es que en lo académico también se dio una mudanza equivalente, de la preocupación por las clases sociales a la de los movimientos sociales, actores visibles en el contextos de las luchas contra las dictaduras y los procesos de democratización; y de la reflexión sobre el carácter de la sociedad, a la preocupación sobre la democracia como régimen. Esto es resultado de las estrechas relaciones (al punto de indistinción) en esos años entre activismo político y reflexión académica. Rochabrún se mantuvo como teórico marxista, con lo que quedó relativamente aislado en medio del viraje de las ciencias sociales. Pero al ser un académico marxista crítico, también quedó aislado de las ortodoxias marxistas que continuaron el década de los años ochenta.
Así, Rochabrún, desde las ideas centrales e intuiciones de Marx, quedó como un crítico de las modas intelectuales, de los paradigmas y sentidos comunes existentes en nuestras ciencias sociales. Ahora bien, cabe destacar que lo que ocurrió con las ciencias sociales le ocurrió también a Rochabrún, solo que más gradualmente. Rochabrún relata en la introducción cómo con los años se fue alejando él también del marxismo, hasta el punto de pensar que “el pensamiento de Marx tiene mucho que decir en algunos casos, poco o nada en otros, y no puede pretender dirigir el conjunto” (p. 59). Si algún reproche cabe hacer a Rochabrún es que él era probablemente la persona más preparada para llevar adelante un ajuste de cuentas con Marx y con las corrientes del marxismo, y de proponer maneras de pensar el Perú y el mundo contemporáneo. Lo hizo muy parcialmente.
Me viene a la mente el caso de Jon Elster, en Una introducción a Karl Marx, de 1991. Allí Elster se pregunta qué está vivo y qué está muerto en Marx, y responde: está muerto el socialismo científico, el materialismo dialéctico, la teleología y el funcionalismo, la teoría económica, y la teoría de las fuerzas productivas y las relaciones de producción. ¿Qué vive? El método dialéctico, al menos una versión de él; la teoría de la alienación; la teoría de la explotación y la concepción de Marx de la justicia distributiva; la teoría del cambio técnico; la teoría de la conciencia de clase, la lucha de clases y la política, aunque con límites; y la teoría de la ideología, que está agonizante, pero debe ser resucitada. En nuestro medio no encontramos ningún esfuerzo equivalente.
El camino que siguió Rochabrún fue asumir el papel de crítico, desde lo que podríamos llamar los fundamentos de un método marxista. Recuerdo alguna reunión no hace muchos años en la Universidad Católica, entre profesores de la facultad de ciencias sociales y algunos profesores extranjeros visitantes. Quedamos en hacer una breve rueda de presentación de cada uno; por ejemplo yo dije mi nombre y añadí que me interesaban los partidos, la democracia, los movimientos sociales. Otros dijeron otras cosas, según su especialidad. Cuando le tocó el turno a Rochabrún, dijo: “yo critico lo que hacen ellos”. Antonio Cisneros, en Canto ceremonial contra un oso hormiguero, llamó a Marx “viejo aguafiestas”. Podría decirse que Rochabrún con sus posiciones críticas ha ocupado la misma posición, de permanente y lúcido aguafiestas (no estoy llamando viejo al maestro, por si acaso). Esto explica también su insularidad. Tarea necesaria, imprescindible, pero ingrata.
Uno de los ángulos principales desde el cual Rochabrún ejerció la crítica parte de su carácter de marxista crítico. Al pasarse de la década de los setenta a los ochenta, la izquierda pasó como vimos del paradigma de la revolución al de la democracia, y también los científicos sociales y las ONGs asociados a ésta. Las circunstancias corrieron mucho más rápido que la capacidad de procesar los cambios. Rochabrún resalta que el paso se dió sin hacer un balance, un ajuste de cuentas; por ello, se arrastraron a la etapa “democrática”, sin advertirlo, algunos de los vicios de la etapa marxista. En la década de los años setenta el autor criticó una visión esencialista del proletariado, visto como una suerte de motor de cambio “llamado por la historia”; en la de los ochenta, el lugar que ocupó la clase obrera empezó a ser ocupado por los nuevos movimientos sociales (ver “Del mito proletario al mito popular”, de 1992). De allí que Rochabrún abogue por una saludable y necesaria autonomía de la academia frente a la política.
El autor fue así un crítico del entusiasmo frente a los movimientos sociales (ver por ejemplo “Izquierda, democracia y crisis en el Perú”, de 1988). Llega el momento de hacer evaluaciones: Rochabrún tuvo razón. Los nuevos movimientos sociales mostraron rápidamente sus límites como expresión de un nuevo orden social, o en términos de su potencial “democratizador” . Ahora bien, yo sostengo que la crítica de Rochabrún puede perfectamente extenderse hasta el presente: el voluntarismo en el análisis de la clase obrera y de los movimientos sociales se expresa hoy en la apuesta por la sociedad civil y de la participación ciudadana como remedios a los límites de la democracia representativa. Llama la atención cómo en la izquierda política, algunos intelectuales y ONGs, persisten estilos de razonamiento y de trabajo, a pesar de la magnitud de los cambios ocurridos en las últimas décadas.
Rochabrún fue también contra la corriente al cuestionar la centralidad de Sendero Luminoso como fenómeno para pensar el conjunto de la sociedad peruana; en algún texto sostuvo que probablemente el país no cambiaría mucho si es que Sendero Luminoso no existiera. De otro lado, el autor llamó la atención sobre la extrañeza que despertaba en las ciencias sociales, a pesar de que Sendero compartía con la izquierda un tronco común, y lo que hacía era llevar a la práctica postulados que muchos otros grupos tenían (“Sendero Luminoso y las profundidades del Perú”, texto inédito de 1989).
También estuvo a contracorriente cuando planteó que las tradiciones racistas, estamentales y excluyentes como forma de organización social no resultaban más válidas en el país, a pesar de que subsistieran en el plano de los imaginarios y de algunas prácticas (ver “Los tiempos y las crisis”, de 1986), planteamiento que retoma el cuestionamiento a la idea de la existencia de una “herencia colonial”, que expuso en su reseña crítica al libro Clases, Estado y nación en el Perú ((La visión del Perú de Julio Cotler. Un balance crítico, de 1978).
Más adelante, en la década de los años noventa, Rochabrún cuestionó la tesis de la existencia de una cultura autoritaria en las clases populares para explicar su apoyo al fujimorismo, y buscó entenderlo apelando a los intereses, la racionalidad y el pragmatismo de los sectores populares (“Descifrando el enigma de Alberto Fujimori”, de 1996). Aquí nuevamente encontramos la idea de que el diagnóstico errado de la existencia de una cultura autoritaria es un espejo de la idea, errada también, de que habría habido una cultura democrática en la década de los años ochenta (ver “¿Crisis de paradigmas o falta de rigor?”, de 1994). También cuestionó la apuesta por la “informalidad”, como clave para el desarrollo capitalista y la renovación social (“De madres de familia a capitalistas: las trampas de la informalidad”, de 1994); también la tesis de la existencia de un problema de representación política (que centra la responsabilidad en la oferta política), y llamó la atención sobre los problemas de representabilidad de los representados, en un contexto de fragmentación y desarticulación social (“El problema está en los representados”, de 2003); así como la idea de la existencia de una grave polarización social en la coyuntura del año 2000 (“¿Polarizaciones...? ¡Las de mi tiempo! Electorado y ciudadanía en los 90 y en el 2000”, de 2000); todo esto en textos de formato breve, pero no por ello menos sustanciosos.
En suma, el libro de Rochabrún condensa la trayectoria de un intelectual cuya lucidez provino de su independencia, de su insularidad, de un trabajo académico riguroso, que no temió ir contra la corriente, y asumir el papel de crítico y de aguafiestas; que tuvo en el marxismo el punto de partida de su reflexión: alejado del “folklore marxista”, y fiel a la idea de ver la realidad como “síntesis de múltiples determinaciones”, y “unidad de lo diverso”, como lo señalara en uno de sus primeros textos, “¿Hay una metodología marxista?”, de 1974). Por todo ello, este libro es un merecido homenaje y una muestra de gratitud para el maestro.
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