miércoles, 29 de noviembre de 2006

César Germaná sobre Aníbal Quijano

Discurso leído por César Germaná, en la ceremonia de reconocimiento de Aníbal Quijano como profesor emérito de la Universidad de San Marcos.


ANÍBAL QUIJANO: EL ARTE DE PENSAR SIMULTÁNEAMENTE LA VIDA SOCIAL EN TÉRMINOS INTELECTUALES, MORALES Y POLÍTICOS


Tengo el honroso encargo de la Facultad de Ciencias Sociales de presentar al Dr. Aníbal Quijano en esta ceremonia donde le rendimos homenaje porque a lo largo de su vida intelectual se propuso -y logró con éxito- la exigente tarea de pensar los modos de organización y de transformación del Perú y América Latina desde la perspectiva de las propias y específicas condiciones socio-históricas de nuestras sociedades y, por esa razón, le reconocemos como Profesor Emérito de nuestra Universidad. Ciertamente, a Aníbal Quijano no le hace falta ninguna presentación pues ocupa un lugar prominente en la comunidad de las Ciencias Sociales de América Latina y del mundo y su obra es bien conocida por todos aquellos que, como él, comparten la legítima esperanza de que “otro mundo es posible”.

Sin embargo, como rito de admisión y de investidura, esta ceremonia realiza de manera simbólica el acto por el cual un antiguo maestro se reincorpora al claustro sanmarquino. La eficacia mágica del ritual descansa en el intercambio silencioso e invisible entre quien es reincorporado y la actual comunidad de profesores y estudiantes. Al recibirlo como a un maestro eminente –como Profesor Emérito- su obra adquiere, para todos nosotros, el privilegiado lugar de ser parte de la tradición clásica de las Ciencias Sociales; de aquella tradición cuya “característica esencial –tal como lo señaló C. Wright Mills- es el interés por las estructuras sociales históricas; y que sus problemas tienen una relación directa con los urgentes problemas públicos y las insistentes inquietudes humanas”.

Por esta razón he aceptado esta tarea que me llena de profunda satisfacción pues se trata de un maestro y un amigo entrañable. Conocí a Aníbal Quijano cuando fui su alumno en los cursos que impartía en el Departamento de Sociología de nuestra Universidad, hacia mediados de la década de 1960. Desde esa época, seguí muy de cerca sus investigaciones y reflexiones, las que he intentado continuar –lamentablemente sin los resultados que hubiese querido- en mis propios trabajos. Para mi orientación teórica en las Ciencias Sociales, fueron fundamentales los seminarios y las conversaciones que tuve con Aníbal Quijano sobre la problemática de la dependencia y la marginalidad en Santiago de Chile entre 1968 y 1970. Pero, mi experiencia más fructífera –intelectual y política- la tuve con mi participación en la revista Sociedad y Política, que Aníbal Quijano fundó en 1972 y que dirigió hasta su último número, publicado en 1983.

No me propongo –sería un exceso- hacer un recuento de su biografía, ni una presentación de su prolífica producción intelectual. Quisiera –más bien- señalar algunas de las características que, a mi juicio, han definido las preocupaciones centrales de la manera de pensar la realidad social y su transformación que han definido el particular estilo intelectual de Aníbal Quijano. Porque lo que determina su obra es el decidido esfuerzo por reflexionar, de manera crítica y radical, sobre las características específicas de los procesos y de las estructuras históricas de la sociedad peruana y de las sociedades latinoamericanas como periferia del sistema-mundo moderno/colonial; y el tajante rechazo a considerar las Ciencias Sociales como disciplinas tecnocráticas.

Vivimos, como ha señalado Immanuel Wallerstein, un mundo incierto, donde el actual sistema histórico, después de haber dominado el planeta desde hace quinientos años, ha entrado en una crisis terminal y se ha ingresado a una era de transición, a un punto de bifurcación, cuyo resultado es intrínsecamente indeterminado. En estas condiciones, nadie puede darse el lujo de quedarse al margen, pues si bien no conocemos por anticipado el nuevo sistema histórico que surgirá (o los nuevos sistemas históricos), es bien cierto que si podemos contribuir a modelarlo. Y Aníbal Quijano ha trabajado incansablemente –su obra intelectual y su práctica social lo demuestran- para ayudar a conformarlo. Lo ha hecho de la mejor manera que sabe hacerlo: mediante un permanente y sostenido debate que ha sido simultáneamente intelectual, moral y político.

Desde sus primeros trabajos, Aníbal Quijano rompió con la tradición dominante en el estudio de la vida social; tradición construida –como lo ha señalado con tanto acierto el Informe de la Comisión Gulbenkian, publicado con el título de Abrir las Ciencias Sociales- en cuatro países de Europa y en Estados Unidos, durante el siglo XIX e inicios del siglo XX. Por lo menos tres aspectos principales caracterizan la perspectiva teórico-metodológica de Aníbal Quijano.

En primer lugar, su obra muestra la superación de la tesis de las “dos culturas”. El saber europeo moderno se escindió entre la “cultura científica”, cuya única preocupación ha sido la búsqueda de la verdad, y la “cultura humanística”, que se ha ocupado de la búsqueda del bien y de la belleza. La consecuencia de esta partición epistemológica –pero también institucional- fue el surgimiento del científico libre de valores. Muy lejos del científico social aséptico, Aníbal Quijano hace parte de la corriente de pensamiento cuyo quehacer ha estado comprometido con la construcción de un nuevo orden social que sea más democrático y más igualitario. En este sentido, no solamente se ha preocupado por comprender intelectualmente hacia donde nos estamos dirigiendo, sino también su reflexión se ha orientado a evaluar las características del tipo de sociedad hacia donde queremos dirigirnos, y a examinar políticamente cómo podríamos llegar más fácilmente a donde creemos que deberíamos dirigirnos.

En segundo lugar, Aníbal Quijano ha superado la estrecha tradición disciplinaria de las Ciencias Sociales. En sus estudios e investigaciones ha buscado ir más allá de los inconducentes límites de las disciplinas y se ha orientado por la perspectiva unidisciplinaria de la Ciencia Social que explora la vida social como un sistema complejo.

En tercer lugar, ha cuestionado de manera radical la perspectiva eurocéntrica del conocimiento. Ha buscado comprender la especificidad de la formación social peruana y latinoamericana en el contexto del sistema-mundo moderno/colonial. Con este objetivo, ha creado nuevos conceptos, o reelaborado los antiguos, para dar cuenta de estas realidades sociales históricamente delimitadas. Con la elaboración de las nociones de “dependencia estructural” y “mano de obra marginal” desarrolladas en los años sesenta, hasta el concepto clave de “colonialidad del poder”, que le ha permitido explorar los procesos socio-políticos, económicos e intersubjetivos del sistema histórico capitalista, tanto en el centro como en la periferia, Aníbal Quijano se muestra como un verdadero innovador conceptual.

Es evidente que la perspectiva teórica y epistemológica desarrollada por Aníbal Quijano para el estudio de la vida social, continúa y profundiza las reflexiones de José Carlos Mariátegui sobre la realidad peruana y su transformación en los años veinte. El Amauta propuso una manera de pensar la vida social que lo llevó a zanjar con el saber moderno eurocéntrico y planteó las bases para la investigación de la realidad peruana con el explícito objetivo de construir el socialismo indo-americano. La afinidad intelectual llevó a Aníbal Quijano a interesarse por la obra de José Carlos Mariátegui desde muy joven –en 1956 publicó una selección de ensayos del Amauta- y ha mantenido esa predilección a lo largo de su vida. De allí los varios estudios que ha escrito donde ha puesto en evidencia aspectos insospechados del enfoque epistemológico y teórico del autor de los 7 Ensayos.

Una de las preocupaciones centrales de los análisis de Aníbal Quijano ha sido comprender las tendencias de cambio de la sociedad peruana, de la sociedad latinoamericana y del entero sistema-mundo moderno/colonial. En esta perspectiva, en los años sesenta, estudia la “emergencia del grupo cholo en el Perú”, los movimientos campesinos del Perú y América, las estructura de la dependencia, los procesos de urbanización y la marginalidad social. En los años setenta, reflexiona en torno al neoimperialismo, al régimen militar velasquista y al nuevo papel que va asumiendo el movimiento obrero y popular. Hacia fines de los años ochenta, discute el concepto de modernidad/racionalidad eurocéntrica y el problema de la identidad. Utilizando como eje central el concepto de colonialidad del poder, en los años noventa va a analizar los procesos de constitución del sistema-mundo moderno, al que señalará como colonial, pues en la colonialidad tuvo su punto de partida, y explorará su crisis actual, que se expresa en todos los niveles y ámbitos de la vida social: en la desintegración del mundo de las relaciones intersubjetivas, en particular las estructuras del saber; en el sistema de explotación capitalista que ya no es capaz de manejar las presiones estructurales al que está sometido; en la erosión del Estado nacional; en la creciente desnacionalización y des-democratización de la democracia liberal; y, en ese mismo proceso, en el surgimiento y expansión de los movimientos antisistémicos, como el “movimiento indígena”.

Pero, Aníbal Quijano no solamente se ha preocupado por analizar y debatir la naturaleza y las tendencias de la actual era de transición y explicitar las opciones históricas que están surgiendo, también se ha planteado la discusión sobre el orden social -el sistema histórico- hacia el cual queremos dirigirnos. Desde sus primeros ensayos, encontramos la preocupación por reflexionar sobre el problema del poder y de la democracia en el socialismo. Debatiendo con las corrientes autoritarias del marxismo, Aníbal Quijano ha sostenido la tesis de la socialización del poder político como la condición indispensable para lograr el autogobierno de los trabajadores, esto es, la democracia directa, que permita la reinserción del Estado en la sociedad. Esa búsqueda de la sociedad justa y buena en la que quisiéramos vivir no ha sido especulativa. Aníbal Quijano se atiene rigurosamente a los hechos de la experiencia histórica. Por esa razón, se ha preocupado por investigar los acontecimientos, en el Perú, en América Latina y en el mundo, donde los trabajadores han buscado establecer su poder bajo la forma institucional específica de la comuna. La experiencia de la Comunidad Autogestionaria de Villa El Salvador, del periodo 1979-1983, fue un acontecimiento clave para el desarrollo de sus propuestas. Más recientemente, sus reflexiones sobre el “movimiento indígena”, le ha permitido percibir en algunas de las experiencias de este movimiento, basadas en la secular práctica de la democracia local, “un modo de autogobierno directo de las gentes asociadas en una red de comunidades, pero con la fuerza y la autoridad de todo un Estado”.

Esta presentación de las perspectivas y propuestas de Aníbal Quijano no estaría completa si no nos refiriéramos, aunque sea esquemáticamente, a sus reflexiones sobre cómo llegar a dónde creemos que deberíamos dirigirnos. Su planteamiento lo elabora en debate con los proyectos vanguardistas. Aníbal Quijano apuesta, más bien, por los movimientos sociales que luchan contra toda forma de explotación y de dominación. En estos movimientos antisistémicos encuentra la fuerza social capaz de eliminar todas las jerarquías y los privilegios. De allí su militante apoyo al Foro Social Mundial, del que ha sido y es un ferviente animador. En ese amplio espacio de debate, donde aparecen los diferentes intereses de los oprimidos y explotados, Aníbal Quijano se ha constituido en un lúcido intérprete de los diversos movimientos sociales para darles una coherencia intelectual de la trayectoria actual como fundamento de la clarificación moral de los desafíos futuros –esto es, saber por qué y para qué se movilizan- y por lo tanto, también, para encontrar un camino políticamente adecuado a la realización de sus ideales.

La extensa obra publicada por Aníbal Quijano da cuenta del vasto campo de intereses y preocupaciones intelectuales del que solamente he hecho una abreviada presentación. Recapitulando lo ya señalado, podemos decir que ha tratado una diversidad de problemas con relación a los cuales ha aportado contribuciones decisivas. Ha discutido temas centrales sobre las estructuras del saber, en particular las ciencias sociales, y sobre el pensamiento de José Carlos Mariátegui. Ha investigado el proceso de cholificación y el conflicto cultural; las clases sociales en América Latina; el movimiento obrero en América Latina y en el Perú; los movimientos campesinos; el proceso de urbanización y la marginalidad social; la cultura y la dominación; el nacionalismo y el neoimperialismo; la modernidad, identidad y utopía; el eurocentrismo y la colonialidad del poder. Más recientemente, ha estudiado los procesos de conformación del Estado-nación; la problemática de la democracia; los cambios en la sociedad y en la economía latinoamericana; los “movimientos indígenas” y el desencuentro entre democracia, conocimiento y memoria histórica en América Latina. Además de esta amplia obra, Aníbal Quijano ha escrito comentarios en periódicos y revistas sobre temas de actualidad, pero vistos desde la larga duración, como quería Braudel. En todos estos escritos encontramos el manifiesto interés por desvelar los mecanismos del poder y contribuir a la construcción de un mundo más democrático y más igualitario. En consecuencia, la búsqueda de la verdad y la búsqueda del bien están inextricablemente vinculados entre si en la obra de Aníbal Quijano.

Por todo lo que aquí esquemáticamente he reseñado, otorgar a Aníbal Quijano la distinción de Profesor Emérito de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos es un merecido reconocimiento a la obra y a la trayectoria personal e intelectual de una de las figuras más notables de la Ciencia Social del Perú y de América Latina.

César Germaná
Noviembre de 2006

[gracias a Ramón Pajuelo]